Jueves 06 de Mayo de 2010
Los seres humanos solemos escuchar y oír lo que nuestro cerebro guarda en su profundidad, generando malentendidos y conflictos, que en una época de tanta rabia y bronca acumulada, alimentan espirales de violencias extrañas. Un diálogo radial, en el que participé el 30 de abril a horas tempranas, terminó en insultos y ataques a mi persona (como les ocurre a muchos), pero lo más llamativo y preocupante fueron ciertos adjetivos calificativos, que borraban en segundos lo que fui, soy y seré la poca vida que me quede. Justamente, esta semana cumplí 41 años de ayudar a padres, escuelas, periodistas, juzgados y otras instituciones, a luchar contra la "desnutrición afectiva-normativa", que considero más grave que la desnutrición proteica. En un diálogo con Luis Novaresio, periodista de LT2, acerca de "la chupina", por lo que pienso y recuerdo, me referí a la "paradoja del día", ya que es previamente acordado y generalizado y que debiéramos tener cuidado con los comerciantes oportunistas, incluidos los que venden bebidas y sustancias legales e ilegales o los que atacan la conciencia, convirtiendo chupineros en chupados de riesgo… Recalqué que los adultos somos esquizofrenizantes, porque entrampamos a los adolescentes en nuestras desinteligencias y los convertimos en rehenes de nuestros conflictos. Este año, varias escuelas, en lugar de tener charlas previas, decidieron apelar al castigo y amenazar, sobre todo a los de primer año, con dobles faltas y pruebas aplazantes. En múltiples oportunidades me referí a la diferencia entre domesticar y educar. Si los chicos asisten, por presiones familiares o por miedo, sus compañeros los amenazan o atacan y la única salida es mentir y llevar certificado médico (!) o de los padres… Planteé que como sociedad, padecemos "anosognosia" (negación de enfermedad), tomando el término de una curiosa patología neurológica, producida por una lesión del cerebro, que paraliza el lado izquierdo del cuerpo, pero el paciente lo niega (trastorno de conocimiento) y refiere que está bien, que no le pasa nada. Al finalizar, en tono de broma, el periodista me preguntó qué haría este día, si fuera ministra de Educación y contesté, entre otras cosas, que invitaría a los adolescentes a tomar aire y sol, a llenar los parques y aprender de la naturaleza. Lo reafirmo, porque sería la mejor manera de borrar los conflictos de un día que movilizamos cientos de "fuerzas vivas", para que no ocurra como en tantos festejos, tragedias o situaciones propias de comportamientos masivos, no reflexivos. Algunos padres, que llamaron para apoyarme, me recordaron el contenido de cartas de lectores (no hago columnas), escritas hace años, que muchos utilizaron en sus hogares y en las escuelas. De todos modos, no defiendo mi persona, sino los niños y adolescentes, que comparten nuestras visiones y acústicas y reproducen con creces las guerras que compartimos cotidianamente.
Mirta Guelman de Javkin
mirtaguelman@hotmail.com