Lunes 07 de Julio de 2014
Fueron varios los atentados contra su vida. Fracasaron todos. ¿Destino u obra del demonio? De entre todos, estos son los más impresionantes. Un relojero y carpintero, Georg Elser, oculto en el interior de una columna en la Burgerbraukeller, una bomba que cronometró para que estallara a las 21.20 del 8 de noviembre de 1939, en medio del discurso del Fuhrer que ese día comenzó mucho más temprano que de costumbre ya que regresaría en tren a Berlín y no en avión a causa de la niebla, por lo que a las 21.07 dio por terminado el acto. Cuando la bomba estalló, el Fuhrer ya se hallaba de regreso a Berlín. El 17 de marzo de 1943 y tras una visita del Fuhrer al cuartel general del Grupo de Ejércitos Centro, en ese entonces en Smolensk, Rusia, antes de abordar Hitler el avión que lo llevaría de regreso a Alemania, un conspirador entregó a un oficial (que era ajeno a la conjura) de la comitiva del Fuhrer un paquete conteniendo supuestamente dos botellas de licor (en realidad eran dos bombas) para ser entregados a un general en Berlín. El artefacto no estalló, simplemente porque falló el detonador. En abril de 1944 un conspirador luciría un nuevo modelo de capote militar en una exposición a la que asistiría el Fuhrer, y en algún momento lo abrazaría sin soltarlo hasta que volaran los dos por los aires luego de activar dos granadas escondidas en los bolsillos, pero como solía ser su costumbre, Hitler apenas estuvo unos minutos y abruptamente dio por finalizada la visita y se retiró del lugar, frustrando al que pudo transformarse en el primer hombre bomba suicida de la historia. El 20 de julio de 1944 el conde Von Stauffenberg logró colocar una cartera conteniendo un explosivo a menos de un metro de las piernas de Hitler, mientras éste escuchaba atentamente los últimos informes amenazadores del frente ruso, en una barraca con las ventanas abiertas que sustituía a causa de las altas temperaturas a la habitual sala de conferencias de un búnker de cemento totalmente cerrado y que hubiera sido fatal para los presentes. Como tropezaba varias veces con sus pies la cartera, un oficial que participaba de la reunión la retiró apoyándola al otro lado de uno de los gruesos tabiques que sostenían la mesa, resultando en consecuencia este tabique una barrera protectora que evitó la muerte del Fuhrer. Esa increíble jugarreta del destino tuvo funestas consecuencias, aparte de costarle la vida a 5.000 personas relacionadas o no con la conspiracion. La Guerra en Europa se extendió nueve meses más, causó la muerte de millares de prisioneros de los campos de concentración, en su mayoría judíos, que fueron evacuados y obligados a marchar a cielo abierto por campos helados. El éxodo de unos ocho millones de alemanes de las zonas orientales del Reich que huían del avance de las tropas rusas que ejecutaban la operacion "Vistula | Oder", bajo espantosas condiciones, sin alimentos, bajo una temperatura glacial (se congelaban los senos de las madres alemanas cuando los descubrían en un intento de amamantar a sus hijos), a tiro de la artillería rusa y los tanques. Los hundimientos del Wilhelm Gustloff, el General Steuben y el Goya, que juntos, sumaron unos 20 mil muertos, en su mayoría mujeres, niños y soldados heridos, la incursión aérea aliada sobre Dresde, la violación de dos millones de mujeres alemanas a manos de las tropas de segunda línea del Ejercito Rojo; y las 300 mil bajas sufridas por los rusos en la batalla por la capital alemana, entre otras cosas. Si un oscuro oficial no hubiera cambiado de lugar esa bomba, todo esto y mucho más se hubiera evitado, levantándose incluso el telón de acero muchísimos kilómetros mucho más al este de donde realmente se erigió, los rusos nunca habrían llegado a Berlín y los Balcanes se habrían visto librados de caer bajo las garras del comunismo. Y Cornelius Ryan nunca hubiera escrito en la última batalla "el tronar de 20 mil cañones rusos y la música fúnebre del ocaso de los dioses formaron la obertura de la última batalla de Alemania en que el mismo Berlín iba a convertirse en pira funeraria donde se inmolarían los dioses del Tercer Reich".
Miguel A. Decunto
DNI 11.270.762