Una silla vacía
Su mirada de paz, sus palabras equilibradas, su enorme humildad me traen gratos recuerdos, pero su ausencia hace que nuestra mesa esté mutilada. ¡Cuántas veces el padre Tomás Santidrián saboreó los fideos caseros que él mismo quería poner...
Miércoles 18 de Diciembre de 2013
Su mirada de paz, sus palabras equilibradas, su enorme humildad me traen gratos recuerdos, pero su ausencia hace que nuestra mesa esté mutilada. ¡Cuántas veces el padre Tomás Santidrián saboreó los fideos caseros que él mismo quería poner en la olla y que comía con tanto gusto! Seguiremos haciéndolos, pero la silla vacía nos producirá nostalgias. Nos enseñó cuánto se ama y se comprende al otro, especialmente a los que acudían a él y encontraban un hogar tibio y sin cerrojos. Su paso era lento, pero su mente muy ágil para solucionar angustias y dolores. Su legado: aliviar con acciones concretas hoy, no mañana.
Angélica Giovagnoli Coulter