Una relación tirante con los Kirchner por sus opiniones políticas

Jueves 14 de Marzo de 2013

Jorge Bergoglio, flamante Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, llegó a ser tildado como "jefe de la oposición" por el ex presidente Néstor Kirchner y ha mantenido durante años una tensa relación con el gobierno.

Los reiterados cortocircuitos entre el ex arzobispo de Buenos Aires y la administración kirchnerista por temas vinculados con la pobreza, la inseguridad o la corrupción en el poder registraron su pico de alto voltaje durante la discusión de la ley sobre matrimonio igualitario en el país.

En ese momento, a mediados de 2012, una carta enviada a las religiosas carmelitas de la provincia de Buenos Aires, y filtrada luego a la prensa, generó un revuelo de proporciones dado que Bergoglio calificó a la iniciativa —impulsada por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner— como "una movida del Diablo".

La relación del flamante Papa con la jefa del Estado argentino es definitivamente mala, a diferencia de lo que ocurre con otros funcionarios del gobierno, como por ejemplo, el presidente de la cámara de Diputados, Julián Domínguez.

Con el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, Francisco mantiene un vínculo respetuoso y el mandatario se lleva bien con el vocero del ex cardenal, Guillermo Marcó.

El diálogo entre Bergoglio y algunos referentes de la oposición es bastante más fluido. Elisa Carrió siempre mencionó que el nuevo Sumo Pontífice era su confesor personal en Buenos Aires. La diputada nacional Gabriela Michetti también mantiene una estrecha relación con el sacerdote.

En cambio, el senador kirchnerista Aníbal Fernández es uno de los críticos más conspicuos que acumula el flamante Papa en el gobierno nacional, sobre todo después de que Kirchner lo tildara de "jefe de la oposición".

 

Tedéum. Es más, el ex presidente dejó de asistir al tedéum del 25 de Mayo en la catedral metropolitana a partir de 2005 luego de un mensaje en clave de Bergoglio, pero dirigido a los Kirchner, en una homilía en la que habló de "exhibicionismo y los anuncios estridentes" presuntamente del gobierno.

Años más tarde, el ahora Papa se reunió primero con dirigentes agropecuarios y luego con el ex vicepresidente Julio Cobos, e incluso reclamó un "gesto de grandeza" a Cristina para destrabar el conflicto con el campo de 2008, lo que acrecentó el recelo de la Casa Rosada hacia su persona.

La crispación social es otro de los temas que, a juzgar por sus comentarios, mantenía preocupado a Bergoglio en los últimos tiempos, endilgándose responsabilidad por esta situación, aunque elípticamente, a la Casa Rosada.

A fines del año pasado, Bergoglio habló sobre el riesgo de que se creen "dos bandos irreconciliables" en el país, producto de disputas ideológicas.

De todos modos, el ex cardenal de Buenos Aires también supo calzarse los zapatos de militante político y, de origen peronista, integró las filas de la Guardia de Hierro, una agrupación justicialista de la década de 1970 que ganó fama por su concepción férrea del poder y su secretismo.

El primer Papa jesuita de la historia de la Iglesia Católica también confrontó duramente con el gobierno kirchnerista cuando saliera en defensa del obispo castrense Antonio Baseotto, quien había dicho que el por entonces ministro de Salud, Ginés González García, "merecería ser tirado al mar". Baseotto se expresó en esos polémicos términos, en 2005, después de que González García se manifestara partidario de la despenalización del aborto.

Al gobierno tampoco le han caído bien los documentos de la Iglesia argentina que suele promover Bergoglio, por el contenido político de esos pronunciamientos y por lo que consideró críticas a la gestión de gobierno.