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Una puesta efectista para calentar la previa en El Rayo

¿Qué pasa si miramos algo muy de cerca en detalle y perdemos la idea de totalidad? ¿Ese detalle se transforma en otra cosa? ¿En qué se transforman los detalles cuando son aislados?  

Domingo 10 de Agosto de 2014

¿Qué pasa si miramos algo muy de cerca en detalle y perdemos la idea de totalidad? ¿Ese detalle se transforma en otra cosa? ¿En qué se transforman los detalles cuando son aislados?

   Con unas cuantas preguntas como éstas pueden abrirse los caminos para montar un espectáculo. La coreógrafa, bailarina y directora Paula Manaker lo sabe muy bien: como producto de su taller “Complejo fantástico” surgió “Morir tampoco tiene sentido”, una obra performática, activa, en permanente proceso creativo que se presenta todos los sábados a las 22 en El Rayo, Salta 2991. La propuesta es una de las ganadoras del Concurso de Subsidios teatrales que otorga la Municipalidad de Rosario.

   No es casual que Manaker haya transitado por el espacio de biodrama que la reconocida directora Vivi Tellas dictó el año pasado. Así, se trató de tomar elementos de la propia vida real de los participantes (sean actores profesionales o no) para explorar en su propia teatralidad y subirlos a escena.

   En este caso, Manaker apela a la biografía de tres participantes de “Complejo fantástico” pero se concentra en algunos detalles para amplificarlos, para manipularlos, exaltarlos y, al fin de cuentas, producir ficción alterando definitivamente la materia prima de la vida misma.

   El sentido en lo real y el sinsentido de la ficción se entrecruzan por completo; en esta obra la fantasía supera ampliamente a la realidad. Lo trágico que puede resonar en su nombre es justamente lo contrario, se trata de la desmentida, de hacerle un poco de cosquillas a la palabra morir.

   En cuanto a los detalles amplificados como si existieran a través del lente de una cámara de cine, Manaker y sus muchachos lograron desmenuzar esas historias personales y ponerlas en acto performático, sin que logren guardar una clara relación entre ellas, al menos en modo manifiesto. Como diría el filósofo Walter Benjamin en los años 30, existe una novedosa forma de recepción, que es táctil, que opera en un espectador distraído y que en esta puesta aparece con todo su efectismo.

   Uno de los elementos más logrados de este relato fragmentado (algunos lo llaman posmoderno) entre piezas sueltas de un rompecabezas biográfico lo aporta la resolución plástica desde los objetos, pero además por las imágenes que aparecen en el juego de los cuerpos de Maite López, Mauro Carreras y Federico Tomé. Una reproducción ampliada y totémica de Mauro Carreras cobra durante muchos minutos un protagonismo casi exclusivo. Pero también es cierto que la manipulación del propio actor dentro de la máscara es lo que le aporta vitalidad a un momento de la obra que puede resultar lento pero superdotado de signos.

   Así, el hombre que nada fuera del agua, la mujer alambrada, el hombre de manos y cabeza gigante flotan como “estrellas” titilantes en una realidad que los une y los aleja en el vaivén del destino.
   Este nuevo trabajo de Paula Manaker se inscribe dentro de un currículum que siempre cruzó teatro y danza con una batería de elementos técnicos que le aportaron una dimensión estética original, propia y novedosa. Así, en el ADN de “Oh, imperfecta”, “Olga” y “Un dios que se va”, esta reciente creación propone una fiesta sensorial que difícilmente pueda enmarcarse dentro de la forma de relato tradicional, pero que sacudirá las retinas de algunos espectadores en busca de acción, con papel picado y luces de boliche, como para calentar la previa del sábado a la noche.

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