Domingo 08 de Febrero de 2009
Rosario se convirtió esta semana en una ciudad sitiada. Son comprensibles el dolor y angustia generados por la pérdida material y los inconvenientes que atravesaron muchos vecinos debido a la tormenta. Pero de ahí a condenar al resto a sufrir de los cortes hay una gran diferencia. Padecimos cortes en la autopista a Buenos Aires, en la ruta A 012, en Circunvalación y en importantes avenidas, cuando nuestra Constitución nos garantiza el derecho de libre circulación. No he visto que ningún fiscal o juez hiciera algo, cuando el deber del Estado ante una acción delictiva es hacer cesar de inmediato tal accionar y no permanecer indiferente. Políticamente el Ejecutivo municipal se dejó torcer el brazo, y como cedieron ante la protesta, ya hay un precedente y ante cualquier problema, surgirán nuevamente. La pregunta es: ¿es una protesta ajustada a derecho? ¿Es lícito perjudicar a miles de vecinos que trabajan, comercian y necesitan entrar o salir de la ciudad? Son medidas extremas que no generan solidaridad, sino todo lo contrario. Y por último y lo más grave: están haciendo crecer, en muchos, el peligroso pensamiento nostálgico de otras épocas.
Leonardo Arias
ariasleo1@hotmail.com