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Una odisea espacial que busca explicar la condición humana

"2090", uno de los estrenos de 2014, parte de la premisa apocalíptica y transita giros interesantes con 5 actores en escena.  

Domingo 13 de Julio de 2014

Ni "Doce monos", ni "Armaggedon". Mucho menos "Viaje a las estrellas". Ninguna de estas películas tuvo a la celeste y blanca a bordo de una nave espacial como la obra "2090", uno de los estrenos teatrales de la cartelera local en 2014.

El entorno que se construye es una nave circulando por el universo en el año terrestre 2090 de la era cristiana. En ese futuro lejano, una especie de geriátrico ambulante intenta resolver un problema crucial: en la Tierra el agua avanzó y ya no hay lugar para enterrar los cuerpos, que ahora son expulsados al espacio.

Esta premisa apocalíptica es el punto de partida para un relato que reúne a cinco actores en un género bastante inusual en el teatro:la ciencia ficción. Hay que descubrir cuáles serían los rasgos característicos de semejante etiqueta, si se trata de un género o de un estilo.

Lo cierto es que despojada de los efectos especiales que podrían esperarse bajo ese rótulo, la obra reposa en el trabajo de las actuaciones y en algunos giros interesantes que tiene el texto, principalmente cuando aprovecha los conflictos que se dan adentro de la nave para plantear algunas inquietudes universales de la existencia humana: el sexo, la muerte, el amor y, por qué no, también la locura.

Todas las criaturas de "2090" son queribles y a la vez inofensivas: Sixto (Mumo Oviedo) y el Mono (Nicolás Marinsalta) mantienen la vanguardia piloteando la nave, son los personajes más terrenales, los que demuestran una "argentinidad" que se asume en una mezcla de costumbrismo con picaresca criolla. El Doctor (Jorge Ferrucci) mantiene cierta autoridad basada en su saber científico, pero afortunadamente su racionalidad desborda inesperadamente en algunos brotes. El capitán (Daniel Covacevich), de algún modo, desparrama su decadencia en todos los tripulantes, pero su hija (Romina Bozzini), la única mujer a bordo, tiene la llave para encender algunas pasiones vitales adentro de la nave. Hasta acá tenemos una mezcla interesante de registros sonando en una especie de concierto con una batuta que se inicia con mucha iniciativa pero que luego ingresa en una meseta y se mantiene durante buena parte de la obra, donde la energía de los actores regula en baja gravedad.

El vuelo de ciencia ficción es sólo una excusa para que los conflictos persistan en todo el espacio exterior. De no ser por determinados objetos y elementos de la escenografía y el vestuario, podemos olvidarnos de lo galáctico y ubicarnos en cualquier institución terrícola, con paredes bien delimitadas que agrupan seres por decreto, sin dejar de jugar con toda la carga fantástica del cine que nos acompaña desde nuestra más tierna infancia. Con la dramaturgia de Lucas Alberti y Atilio Basaldella, y bajo la dirección de Julián Sanzeri, "2090" es el producto de muchos meses de trabajo de un equipo que promete regresar en septiembre al teatro La Morada.

 

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