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Una obra para mantener fresca la memoria

El prestigioso director rosarino Eduardo Ceballos fue el encargado de adaptar y dirigir esta obra que sube a escena hoy y todos los sábados de julio y agosto a las 21.30 en la sala Amigos del Arte

Sábado 13 de Julio de 2013

“Pedro y el Capitán” juegan constantemente sin saberlo al cambio de roles: por momentos uno es el fuerte, en otros es el débil; a veces uno es un opresor, otras es un oprimido. El prestigioso director rosarino Eduardo Ceballos fue el encargado de adaptar y dirigir esta obra que sube a escena hoy y todos los sábados de julio y agosto a las 21.30 en la sala Amigos del arte (3 de febrero 755). Allí se podrá disfrutar de esta obra de Mario Benedetti, protagonizada por Guillermo Almada y Julio Chianetta, que narra, a través del tenso diálogo entre una víctima y su verdugo, el juego psicológico que un torturado puede lograr con su torturador y viceversa.

La trama de la historia se centra en Pedro, un preso político por lealtad a su causa quien padece las más aberrantes torturas que existieron y existen en los diferentes regímenes políticos. En Argentina, remonta a los peores años de dictadura que vivió el país. Mientras tanto, el Capitán sufre reiteradas veces el cruel sentimiento de odiar lo que hace y tratar de justificarlo autoconvenciéndose de su bondad inexistente.

Así, Pedro vive esos días entre la locura y el deseo de muerte. “El teatro tiene la misión de mantener fresca la memoria, para que nadie se olvide de las cosas que pasaron. Justamente venía sonando el tema de los 30 años de la democracia y el actor Julio Chianetta me propuso hacer esta obra de Benedetti y acepté instantáneamente”, contó Ceballos, quien ya en sus anteriores obras como “El dolor de la memoria”, “Babilonia” o “El conventillo de las palomas” venía refrescando la historia.

La adaptación de Ceballos se centra en un espacio construido con todo a la vista: camarines, espejos, maquillaje, todo está al alcance del espectador que vive y sufre con los personajes al ingresar a la sala de interrogatorios donde suceden los diálogos más escalofriantes.

“Planteé la puesta en escena dividiendo el escenario. El espacio escénico está representado por un cubo de caño y todo su alrededor sería la parte de los camarines. Entonces el actor adopta diferentes posturas estando dentro o fuera del cubo, ya que entra y sale del personaje constantemente”, explicó el director. Otro de los desafíos que enfrentó el rosarino fue reducir el texto de 85 hojas a 19 y que en 58 minutos se entienda absolutamente todo. “Esto habla de lo bien que los actores trabajan el texto”, destacó con humildad dejando al costado su rol, fundamental para concretar una adaptación bien lograda.

La esencia de esta historia es ver cómo dos personajes enemigos terminan por contarse hasta las miserias más grandes de su vida. El amor, los hijos, la familia y la libertad, son algunos de los temas que Pedro y el Capitán profundizan en una relación de amor-odio constante. “Ninguno de los dos personajes es un absoluto, ni en lo bueno ni en lo malo porque van cambiando los roles. El Capitán es el opresor y Pedro el oprimido, pero por momentos van hablando de tal manera que esto gira 180 grados por lo que el Capitán se transforma en oprimido y Pedro en opresor. Por eso resulta una obra muy atrapante para el espectador porque toda la historia transcurre en la desesperación”, destacó Ceballos.

¿Hay escenas de violencia? El director responde: “Se dice todo a través de la acción. Las torturas no se muestran, pero cuando Pedro se niega a darle un dato al Capitán, lo saca del «cubo» y los manda con los torturadores. Y Pedro vuelve a escena más maltratado”. La puesta tiene grandes dosis de originalidad por su “cuestión expresionista”, ya que el espectador puede ver lo que sería el “detrás de escena” en el mismo escenario, donde los actores hasta se maquillan durante la función.

En cuanto a la referencia que la trama de esta obra hace a la dictadura argentina ocurrida en la década del 70, el director explicó: “Al texto le saqué toda referencia territorial, así que el que ve la obra, puede asociarla con cualquier lugar del mundo. Si observamos la historia mundial, el tema del opresor y el oprimido es patrimonio de la humanidad. Pasó y puede volver a pasar”, reflexionó el director que planea hacer temporada de verano con “Pedro y el Capitán” y que además, dirige la compañía “El quiebre teatro”, que actualmente está presentando la obra “Quimo” en el CEC.

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