Una nube de radiación se expande sobre la zona que golpeó el tsunami
Una nube de radiación en aumento se sumó ayer al sufrimiento de millones de personas en el devastado noreste de Japón, que ya enfrenta escasez de agua y alimentos e intenta...

Miércoles 16 de Marzo de 2011

Una nube de radiación en aumento se sumó ayer al sufrimiento de millones de personas en el devastado noreste de Japón, que ya enfrenta escasez de agua y alimentos e intenta mantenerse abrigado en medio de temperaturas casi heladas.
  Las explosiones en los reactores de la central nuclear de Fukushima, situada a 240 kilómetros de Tokio (anoche, hora argentina, se incendiaron dosreactores y había humo blanco), y la fuga de partículas radioactivas, obligó a una evacuación masiva de los empleados de la planta y de la población que vive en 20 kilómetros a la redonda.
  Sólo 50 ingenieros quedaron en la planta para tratar de contener los efectos de las explosiones.
  Ayer trataban de evitar una reacción en cadena en el reactor 4 de Fukushima, tirando ácido bórico desde helicópteros, informó la agencia Kyodo, citando a la empresa Tepco.
  Mientras los cadáveres llegaban a la costa tras el poderoso terremoto y tsunami del viernes último, sobrevivientes heridos, niños y ancianos atiborraban los refugios improvisados, muchas veces sin medicamentos.
  En medio de la tragedia, los rescatistas encontraron ayer viva a una mujer de 70 años, en su casa que había sido arrastrada por el maremoto en Iwate, cuatro días después de la tragedia, informó la agencia local Kyodo.
  Unas 550.000 personas han sido evacuadas.
  El gobierno japonés elevó ayer a 3.373 los muertos y 6.746 los desaparecidos por el sismo del viernes último, aunque las cifras extraoficiales sitúan en al menos diez mil los fallecidos.
  Varias réplicas del terremoto se sintieron ayer especialmente en las ciudades de Kanagawa y Shizuoka, que oscilaron entre los 5 y los 6.6 grados en la escala de Ritcher.
  El pánico se apoderó de Tokio luego de un aumento en los niveles radiactivos alrededor de la planta de Fukushima.
  La crisis humanitaria se estaba desarrollando en múltiples frentes, desde un repentino aumento de niños huérfanos, falta de agua, alimentos y electricidad hasta baños desbordados en los atiborrados refugios y la asistencia irregular de los traumatizados sobrevivientes.
  Con hogares arrasados, ciudades barridas por el agua y sin empleo, muchos ciudadanos se preguntaban si se quedarían para reconstruir su vida.
  “Sobrevivimos, pero ¿qué se supone que hagamos ahora?”, dijo Sachiko Sugawara, de 63 años, quien ahora vive en un refugio.
  Los cuerpos se apilaban en las morgues y los enfermos crónicos se estaban quedando sin medicamentos.
  “La gente está exhausta tanto físicamente como mentalmente”, dijo Yasunobu Sasaki, director de una escuela convertida en refugio en Rikuzentakata, un arrasado pueblo de 24.500 personas de la prefectura de Iwate, en el noreste del país.
  Funcionarios locales perdieron contacto con unas 30.000 personas, elevando las posibilidades de un dramático incremento en el número de muertos mientras las autoridades lidian con la mayor emergencia en Japón en 70 años.
  Las carreteras, vías y puertos se han visto afectados a lo largo de gran parte de la principal isla de Japón, Honshu, en el noreste, complicando los esfuerzos de asistencia.
  El gobierno ha movilizado 100.000 soldados y más de 100 países han ofrecido ayuda.
  Pero la creciente radiación llevó a la Marina estadounidense a retirar temporalmente un portaaviones de la costa y grandes agencias humanitarias internacionales han sido mantenidas fuera de las zonas afectadas por la radiación.
  La Cruz Roja japonesa ha desplegado unos 90 equipos médicos que están intentando proveer asistencia básica para 430.000 personas en ciudades remotas a lo largo de la costa.
  Cientos de trabajadores de rescate extranjeros están asistiendo a las víctimas del terremoto y tsunami pero Naciones Unidas no planea realizar una operación a mayor escala a menos que sea requerido, dijeron el lunes funcionarios del organismo.
  Compañías aéreas como Air China y Lufthansa, entre otros, cancelaron todos sus vuelos a Tokio, mientras varias embajadas recomendaron a sus empleados y ciudadanos que salieran de las zonas afectadas. Indéntica medida tomaron algunas agencias noticiosas con sus enviados.
  Las automotrices y otras factorías multinacionales invitaron a sus trabajadores a alejarse de Tokio. l (Reuters, AP y DPA)