Domingo 06 de Septiembre de 2009
Emoción. Extasis. Delirio. Fascinación. Fueron las sensaciones que dominaron la inolvidable noche del Gigante de Arroyito. Gente arropada con los colores celeste y blanco dejaron bien en el claro que Rosario no sólo es la cuna de la bandera, sino también una de las capitales mundiales de la pasión por el fútbol. Fue imposible no rememorar el paso triunfal de la selección por esta ciudad durante el Mundial de 1978. La piel se erizó al máximo cuando Diego Maradona y sus muchachos ingresaron a la entrada en calor. El estadio se conmovió. Rugió con la fuerza de un volcán en erupción. Diego levantó las manos y agradeció a la multitud desbordante. Rosario cumplió su rol y el apoyo que vino a buscar el equipo superó las expectativas.
"Argentina, Argentina...", fue el himno dominante en la noche de Arroyito. Desde los cuatro costados quedó en evidencia la idolatría incondicional por Maradona. Y el segundo destinatario de los cánticos fue Lionel Messi, la Pulga que deslumbra en Barcelona y lleva en sus genes el ADN del potrero rosarino.
Una sola noche para demasiadas emociones. Porque en las tribunas todos recordaban que este mismo escenario fue el rodeo perfecto para que el toro Mario Alberto Kempes rompa los arcos y acorte el camino a la conquista del Mundial 78. Porque Diego con los brazos arriba jugó con el calendario y trasladó a la multitud a las grandes gestas de la selección. Las postales del gol a los ingleses apilando a medio equipo rival en México 86 y el pase a Caniggia en Italia 90 para vencer a Brasil volvieron inmediatamente a las retinas de todos. Arroyito revivió como si fuera en una película la historia reciente de la camiseta más linda del mundo: la Argentina.
Amén del resultado, toda la ciudad disfrutó de un espectáculo futbolístico de primer nivel, con figuras consagradas de Europa, que sólo se pueden ver por televisión.
Dientes apretados, gritos pelados, banderas que no cesaron de flamear enmarcaron una noche estremecedora. Diego trajo a la selección a Rosario y la gente recompensó esta iniciativa, hasta hace poco impensada, con un derroche de adrenalina conmovedor. Si hasta con el 1-3 a cuestas, la gente, que alentó hasta el final, despidió al equipo con aplausos, tal vez con la ilusión de volverlo a ver.