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Una muerte con avisos persistentes

Las manchas de sangre en la vereda de la ochava suroeste de Pellegrini al 1400 son la caligrafía de la muerte de un joven que hace mucho parecía estar escrita.

Miércoles 06 de Febrero de 2013

Las manchas de sangre en la vereda de la ochava suroeste de Pellegrini al 1400 son la caligrafía de la muerte de un joven que hace mucho parecía estar escrita. Habían quedado hace trece meses sobre el tapizado del BMW donde lo acribillaron delante de su novia, Sofía, que salió temblando del auto para pedir ayuda, lo que originó como represalia el triple crimen de la villa Moreno. La misma Sofía estaba con él cuando lo balearon en una pierna hace diez días. Finalmente ella lo vio derrumbarse de sus muletas ayer a la tarde, cuando lo ejecutaron a corta distancia no ya en un suburbio sino en uno de los sitios más transitados de Rosario.

   Maximiliano Quemadito Rodríguez se dio a conocer por primera vez de manera pública en septiembre de 2009, cuando en la popular del estadio de Newell’s participó junto a Matías Pera de la emboscada para destronar a Diego Panadero Ochoa, el líder de la barra leprosa, al que momentáneamente corrieron de la tribuna. Matías Pera recibió después cinco disparos por la espalda y no volvió a pisar la cancha. Tampoco Maxi volverá allí ni a ningún sitio.

   Quemadito no sólo era hijo de Sergio El Quemado Rodríguez. Lo fue también de la notoria impunidad que caracterizó durante años todos los delitos sangrientos ocurridos en el entorno de la hinchada rojinegra. Su padre, que se dedicaba a escruches domiciliarios y a comercializar droga, fue uno de los líderes de la barra brava leprosa. Un tipo que vivía en Dr. Riva y Vera Mujica, un matón según sus conocidos, lo que parecería tener su evidencia contumaz en el trágico año nuevo de 2012.

   Fue cuando El quemado ejecutó a tres muchachos en una canchita de Dorrego y Presidente Quintana, en el triple crimen de la villa Moreno. Así lo estableció el juez de Instrucción Luis María Caterina, que lo procesó por matar a Adrián Rodríguez, Jeremías Trasante y Claudio Suárez.

   El quemado Rodríguez disparó ciego de furia para vengar el ataque a balazos ocurrido en las horas previas contra su hijo Maximiliano en Garay y Vera Mujica, después de que Sofía lo llamara desde el BMW para avisarle lo que había pasado. Dos días antes, el 29 de diciembre de 2011, Maximiliano había participado de la balacera contra Facundo Osuna, en Dorrego al 4000. Según fuentes judiciales, el ataque fue un vuelto contra Osuna por asaltar con otros cuatro jóvenes un quiosco de drogas de Sergio El quemado Rodríguez.

   Osuna, que entonces tenía 17 años, recibió cinco balazos pero sobrevivió, aunque finalmente fue asesinado en julio pasado en un hecho por el cual hay un joven procesado.

   Por aquel caso Maximiliano estuvo preso casi doce meses. Pudo salir en libertad de la cárcel de Piñero el 28 de diciembre pasado porque la Cámara Penal atenuó la imputación, que pasó de intento de homicidio a lesiones graves. Eso produjo la irritación de la fiscal que lo acusaba. “Considero inexplicable sostener que a Osuna no quisieron matarlo. Le dispararon ocho veces”, expresó Nora Marull.

   Estuvo en libertad tan solo 39 días, que fueron los últimos de su vida. Tuvo un preaviso del final cruento que le esperaba: fue hace diez días, el domingo 27 de enero, cuando recibió un balazo en una pierna en Coronel Arnold al 3200, donde vive la familia de su novia Sofía. Sus antagonistas reaparecieron ayer en Corrientes y Pellegrini. Esta vez no fallaron.

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