Una madrugada teñida de sangre
El sábado a la madrugada volvía a mi casa en la línea 107, después de una reunión con amigos. Durante el viaje de regreso los pasajeros tuvimos que tolerar a dos hombres que parecían volver del boliche...

Martes 09 de Junio de 2015

El sábado a la madrugada volvía a mi casa en la línea 107, después de una reunión con amigos. Durante el viaje de regreso los pasajeros tuvimos que tolerar a dos hombres que parecían volver del boliche, completamente ebrios, que gritaban y se comportaban de manera agresiva. No hubiese creído que la situación podía empeorar hasta que a la altura de la Plaza Alberdi uno de esos hombres se paró y le propinó tres patadas en el rostro a una chica que se había corrido de asiento, aparentemente para alejarse de estos dos inadaptados. El agresor se bajó rápidamente del colectivo y se escapó, quedando arriba del colectivo su compañero. Con buen juicio, el chofer condujo hasta el Hospital Alberdi para que la chica, con el rostro bañado en sangre, sea atendida en la guardia. Mientras tanto, los pasajeros uno a uno se fueron yendo, algunos de ellos después de sacar la correspondiente foto al piso manchado de sangre. ¿A nadie le interesó saber cómo estaba esa chica, que volvía de trabajar, y a la que de repente le cambió la vida porque un violento decidió romperle la cara a patadas? ¿A nadie le interesó quedarse a prestar testimonio, hacer la denuncia o ayudar a reconocer al agresor? Por otro lado, el comportamiento de los dos policías que estaban de guardia en el hospital y los otros dos agentes que llegaron después fue de una falta de profesionalismo absoluta. El compañero del agresor estaba caminando despreocupadamente por la vereda, dispuesto a irse, cuando les dije que tenían que detener a ese hombre, que él sabía quién era el agresor porque viajaban juntos. Después se pusieron a discutir inútilmente con él, hasta que les dije que no podía ser que haya cuatro policías discutiendo con un borracho en vez de buscar al tipo que acababa de huir. Así estaban, haciendo que tomaban "notas" y recriminándose cosas entre ellos, cuando llegó otro móvil policial pidiendo urgente una camilla. No habiendo camilleros o enfermeros o cualquier otro personal del Hospital en la recepción, tuvimos que acercarnos un policía y yo al móvil con una camilla, para socorrer a una señora que llegaba desvanecida. Después de dejarla dentro del hospital, cuando me miro las manos, veo que las tenía bañadas en sangre. La señora había sido apuñalada en la axila izquierda mientras esperaba el colectivo para ir a trabajar. La angustia, el dolor y la impotencia no dejaban de amontonarse en mi garganta. La policía no quiso tomarme mis datos, así que se los dejé a los familiares de las víctimas, por si necesitaban mi testimonio y regresé a mi casa. Al día siguiente me levanto y me entero por los portales de noticias que Alicia Bravo, una señora que había entrado herida por un arma blanca al Hospital Alberdi, había fallecido poco después. Las lágrimas volvieron a invadirme. ¿Nos damos cuenta que estamos acostumbrándonos a vivir en una pesadilla? ¿Cómo podemos permitirnos perder de a poco la sensibilidad, la capacidad de ponernos en el lugar del otro? Rosario se está convirtiendo en la ciudad más violenta del país. Algunos sectores de la Policía de Santa Fe no dejan de consolidarse como una de las asociaciones ilícitas más importantes de la provincia, en un proceso que comenzó en tiempos de la dictadura y que en más de 30 años de democracia ningún gobierno ha querido o podido cambiar. Más bien, parece que por acción u omisión todos los gobiernos que se han sucedido han permitido que esta situación se afiance. No puede ser que estos hechos terminen sólo en las crónicas periodísticas, casi en lo anecdótico. No podemos naturalizar lo que nos está pasando, no podemos dejar que el miedo y la pasividad se apoderen de nosotros, y que seamos gobernados por las mafias, el cinismo y la improvisación. Espero que como sociedad podamos adquirir conciencia y tomar las decisiones necesarias para construir una comunidad menos violenta, donde se respeten los proyectos de vida de todos.

Ramiro López Crespo / DNI 35705314