Jueves 06 de Agosto de 2015
A las 7 de la mañana del jueves 4 de diciembre de 1975, un trabajador tropezó con los cadáveres de cuatro jóvenes en un camino de tierra lateral a la ruta 5 que lleva al dique Los Molinos. A un kilómetro y medio de allí, fueron hallados otros cinco cadáveres mas. Cinco bolivianos, un peruano, dos cordobeses y un rosarino (Jorge Angel Schuster, que residia con su familia en Río Ceballos), Los cuerpos presentaban huellas de un terrible castigo físico y habían sido abatidos con ráfagas de ametralladora, y todos presentaban un tiro de gracia en la cabeza. Siete de ellos eran estudiantes de arquitectura que se hallaban preparando los trabajos finales del año en un chalé en Barrio Jardín, en la capital cordobesa, en donde habitaban los bolivianos y el peruano. El tremendo crimen conmovió a la comunidad universitaria cordobesa y provocó que los gobiernos del Perú y Bolivia presentaran enérgicos pedidos de explicaciones y una rigurosa investigación al gobierno de María Estela Martínez. En el chalé pudo advertirse una leyenda pintada en una de las paredes que decía: "9x1. Comando Caceres Monie" (general asesinado el día anterior). Pero hubo un sobreviviente, hermano de una de las víctimas, boliviano, que 34 años después, entrevistado por periodistas del diario La Voz del Interior en el país del altiplano, dio a luz la verdad de lo acontecido esa noche. Todo comenzó dos meses antes, cuando dos policías realizaron un allanamiento en el chalé, en el momento en que se encontraban el que sería sobreviviente y otro de los jóvenes. Cuando los demás volvieron de la facultad, se encontraron con que los policías les habían robado dinero y objetos de valor. Decidieron denunciarlos. La noche de la matanza, el único sobreviviente se salvó porque dormía bajo llave en un cuartito de servicio. Despertó sobresaltado al escuchar ruidos y gritos, entre los que se destacó: "Estos son los hijos de puta que nos denunciaron". Aterrado, vio como movían el picaporte desde afuera pero no insistieron. Vio a través de una ventanita con vidrios opacos como se llevaban rumbo a la muerte a su hermano y el resto de los estudiantes. En épocas turbulentas como tan habituados nos tiene este país, producto del desorden mental de buena parte de sus habitantes y por ende de sus gobernantes, se abrieron las fosas de nueve inocentes en medio del caos y la violencia de derecha e izquierda. Una madrugada espantosa que nunca se olvidará.
Miguel A. Decunto
DNI 11.270.762