Jueves 18 de Noviembre de 2010
El jueves once tuve el privilegio de asistir al show despedida de Paul McCartney en Buenos Aires. Compartí con otras cuarenta y cinco mil personas una experiencia inolvidable. Estábamos allí tres generaciones unidas en el disfrute que significó ver y escuchar a esta leyenda viviente. Fue una sucesión de impactantes emociones; cada cual con sus propios recuerdos, pero todos éramos uno, entre nosotros y con él. Eso se percibía, y aunque no estábamos tomados de la mano, todos cantábamos, bailábamos, llorábamos y aplaudíamos emocionados. El corazón se alborotó; los ojos inquietos recorrían las imágenes del pasado que se sucedían en la pantalla, el cuerpo vibró y los oídos tuvieron una fiesta de tres horas. En esta noche pudimos gozar de uno de los mayores placeres que la vida nos regala: la buena música; esa que mueve y conmueve. Que se repitan los eventos donde podamos compartir estas vivencias que hacen placentera la existencia.
Angélica Moyano, gelimoy@hotmail.com