Miércoles 11 de Marzo de 2015
Circunstancias que fluyen en el universo personal de uno, con frecuencia las disuaden. Sé y supe siempre que hay fiscales y jueces probos, en todo el país. Pero también existen quienes no lo son, muchos de los cuales salieron a luz en distintos gobiernos y otros no. El proceder de ellos, en ciertos casos, ha afectado lo que debería haber sido y no fue. Esto no tiene marcha atrás. Ni hablar si existen menores en el panorama o personas adultas con importante vulnerabilidad, merced a determinados procederes. Ha habido responsables jurídicos, que no sé por qué motivo, lejos de preservar y contener a niños y preadolescentes, su actuar o inacción los llevó a confundir los mencionados, aportándoles con esta situación elementos nocivos para su reafirmación en el mañana y en el hoy, desde toda arista. Esto afecta severamente el marco de referencia y de pertenencia, en forma increíble. Esos menores tienen mentiras muy arraigadas, como si las mismas conformaran el ADN de muchos. Mentiras que han sido machacadas de manera asidua, convirtiéndose ello en el aire de los chicos. Lo peor que esto sucede por quienes dicen amarlos, cuidarlos, atenderlos y la lista sigue. ¡Cuánto cinismo! Se habla muy poco de este tema. Quizá porque no genera votos. Tal vez porque padres o madres forzosamente alejados de los suyos dieron sin elegir a los menores la ausencia absoluta y continua de una figura básica y elemental. No se reparó con esto, que se los despojaba brutalmente de sus derechos más legítimos, obligándolos a vivir con carencias afectivas muy elementales para el desarrollo de los mismos. Sin pruebas, sin agilidad en ciertos expedientes, sin solicitar ciertas autoridades, recursos y herramientas para trabajar con total eficiencia, no pocos niños fueron arrojados a una incertidumbre previsible y a un porvenir casi imprevisible. Hace varios años, una señora comentaba cómo alrededor del monumento del Obelisco porteño una cantidad abrumadora de padres y madres que reclamban por sus expedientes y respectivos fallos, referidos a los suyos, en un cuadro que era ciertamente muy estremecedor. Creo que ésta, si bien no es una realidad desconocida, no lo es conocida en su real magnitud. ¿Habrá este año debates, propuestas, con institutos y organismos que se aboquen de lleno a esto y den respuesta y resultados a tanta angustia e inconmensurable incertidumbre? Obviamente con funcionarios y políticos comprometidos. ¿Habrá un hueco para que la Justicia entre en este agujero y que no sean estadísticas, ni números, los que nunca deberían haber pagado los platos rotos? Por el bien de nuestra querida República Argentina deberíamos aportar todo al sí, en un sólo grito. Aún hay una gran cantidad de familias argentinasque están aguardando desde hace mucho tiempo un justo y feliz final.
Nora Cardarelli / DNI 14.510.012