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Una historia de ausencias que disparó la solidaridad de la gente

Sucedió una vez más y seguirá pasando. María y Carolina, madre e hija, solas, sin techo y con un gravísimo problema de salud, contaron su historia donde el dolor no les dio respiro.

Domingo 26 de Enero de 2014

Sucedió una vez más y seguirá pasando. María y Carolina, madre e hija, solas, sin techo y con un gravísimo problema de salud, contaron su historia donde el dolor no les dio respiro. Necesitaban ayuda y la vida les mostró su mejor cara. Recibieron la cama postural que nunca tuvo la joven postrada, pañales, ropa, dinero y mañana les llega una silla de ruedas. Además las áreas de gobierno que tienen relación con la situación por la que atraviesan se pusieron a disposición.

   María no podía ni responder a cada una de las decenas de visitas que llegaron al comedor Niño Jesús de Belén, donde Viviana Ordoñez la acogió bajo su techo. Le emocionaba ver que recibían las cosas que tanto necesita su hija de 21 años y con una parálisis cerebral que está mostrando sus peores etapas. Lloraba y daba las gracias a media voz, la que le dejaron los años después de tanto sufrimiento.

   Pero tal vez la emoción también tenía otros motivos. La llenaron de abrazos, le dijeron que resistiera y le hicieron sentir el poder de la fe. Justo a ella, que el miércoles pasado le contó a La Capital que estaba sin fuerzas, que el camino había sido difícil y el último tramo, en soledad, con la microcefalia de Carolina que ahora ya casi ni recibe alimentos y se escara por no tener silla ni cama adecuada, ni techo, porque en diciembre quedaron en situación de calle.

Fraternos. “Hubo respuesta en lo económico y en aliento”, contó Viviana después de que el miércoles 22 de enero La Capital contara el drama de las dos mujeres. “Era casi de noche, María golpeó la puerta y me dijo estoy en la calle, no tengo adonde ir”, relata la mujer que respondió “pasá, no te voy a dejar afuera”. Fue un ábrete Sésamo para la vida desangelada de quien le pedía ayuda

   María mostró lo que había recibido hasta ayer a la tarde. Una cama postural de parte de una joven pareja que la visitó tres veces en los últimos días; viven en Rosario, él es de Arequito y dejaron la dirección para que les avisen cuando tengan que trasladarla o por lo que pudieran necesitar.

   Desde el Sindicato de Taxis ya les avisaron que mañana tendrán la silla de ruedas especial en el comedor Niño Jesús de Belén, donde se hospedan hasta conseguir un lugar. El gremio también se ofreció para aportar para el alquiler, igual que una iglesia evangélica que también la visitó.

   Como la nota daba cuenta de la dirección, al menos cuatro personas que las mujeres consideraron como “empresarios”, llegaron a Cafferata 2568. Preguntaron por la señora María, la saludaron y le entregaron sobres con dinero. “Tome, para lo que usted necesite”, dijeron sin dejar sus nombres después de mirar a Carolina.

   Los pañales los proveyó Parodi Mayorista, que llamó por teléfono para conocer las medidas y desembarcó con una cantidad que la mujer nunca hubiera podido comprar por sus propios medios. Hasta llamaron desde San Nicolás, desde donde viajarán a traerles frutas y verduras.

   Entre los momentos conmovedores estuvo la visita de un médico jubilado que, además de dinero, les llevó el rosario de plata que había pertenecido a su madre. Además les llevaron ropa y hasta crema para las escaras por parte de distintas personas que hasta ayer no dieron descanso con el timbre y el teléfono.

Respuesta oficial. Una comitiva integrada por representantes de Promoción Comunitaria, área de Discapacidad, Servicio Público de la Vivienda, médicas del Hospital de Niños Víctor Vilela y del Centro de Salud Nº 9 visitó a las mujeres. Les llevaron colchones, evaluaron a Carolina y se pusieron a disposición (aportarán para un lugar al que se puedan mudar).

Corazón abierto. “Se puede contar con la gente, es solidaria, se conmueve, dan respuestas extraordinarias”, contó Viviana, que no sabe cómo agradecer. Algo conoce del tema.

  Está al frente del comedor desde hace 16 años, cuando con otras mujeres decidieron unir las cajas PAN que recibían porque la necesidad era más grande que los recursos, a las pocas horas ya tenían 30 niños en la puerta. Y el miércoles recibió a estas dos mujeres.

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