Una goleta singular que sirve para plasmar los sueños de discapacitados
Un grupo de navegantes creó una fundación para construir un velero de ultramar. A bordo funcionará una escuela que integrará a personas con capacidades diferentes.

Domingo 02 de Octubre de 2011

Un grupo de 21 amigos que cultivan la misma pasión por la navegación decidió llevar su afición más allá y creó una fundación para construir un velero muy especial, una goleta que funcionara como escuela y que posibilitara hacerse a la mar a personas que padecen algún tipo de discapacidad. Así, desde hace cuatro años, la goleta Santa María de los Buenos Ayres, en el astillero de Tandanor y desde el diseño de Germán Frers (quien donó su trabajo), comenzó a tomar forma.

Integrantes de la Fundación Escuela Goleta del Bicentenario, impulsores de la Escuela Goleta Santa María de los Buenos Ayres, se reunieron autoridades y socios del Yacht Club Rosario y dieron a conocer la esencia y los alcances de su proyecto.

La presentación, que incluyó videos y fotografías de la construcción del bergantín goleta en Tandanor, fue desarrollada por el presidente de la Fundación, Diego Leivas; el vicepresidente, Jorge San Martino, y los miembros fundadores Jorge Canoura, Matías Paillot y Horacio Ezcurra.

El barco, imponente en su clase, está diseñado para el desplazamiento de sillas de ruedas y otros artilugios de modo de integrar a personas discapacitadas, y que a la vez sirva de buque escuela. Ese es el triunfo real de la Fundación Santa María de los Buenos Ayres, porque ya hay decenas de voluntarios que, como Frers, trabajan en la construcción del navío en los rubros y actividades que la mano de obra especializada del astillero les deja rendijas.

Uno de los voluntarios que encarna la esencia del proyecto es Leonel. Tiene 35 años y hace 16 que es instructor de yachting. Leonel sabe lo difícil que puede llegar a ser animarse a subir a un barco porque él tiene dificultades para desplazarse.

El instructor se enteró por internet del sitio de la goleta. "Dije, acá tengo que estar. No podía creer que esto fuera en Argentina", recordó Leonel rodeado de barcos en Puerto Madero. A su lado, Claudia Alvarez asiente. Ella tuvo poliomielitis cuando tenía dos años. Pero las secuelas que le dejó la enfermedad nunca la frenaron. Y cuando supo de este proyecto que pretendía llevar a los discapacitados al mar, se incluyó, algo que le da la inmensa satisfacción de experimentar la navegación a vela junto a otros voluntarios desde marzo pasado.

Leonel y el equipo de voluntarios y tripulantes navegan a vela al menos una vez al mes acompañados por discapacitados y lo harán con adictos en recuperación y personas con dificultades de integración.

Pero el alma es la goleta. Jorge San Martino y Gustavo Nordenstahl, dos voluntarios que trabajan por la nave, hacen de guía a través de un laberinto de vigas, paneles y estructuras en medio de los obreros que cortan y sueldan las chapas de acero que dan cuerpo y forma a la embarcación que tiene capacidad para 36 grumetes (alumnos) y 11 tripulantes. Y un costo de construcción 10 millones de dólares.

Frers calificó al barco de " muy sencillo. Tradicional pero a la vez moderno. Flexible y versátil".

Todo el trabajo es auditado por la consultora Deloitte, que certifica el avance de las obras y cómo se gasta el dinero que llega a través de donaciones privadas y particulares, de modo de asegurar una administración transparente.

Una nave "verde". Frers, uno de los mejores diseñadores de barcos, imaginó a la nave amigable con el medio ambiente: la goleta tiene plantas de tratamiento de agua, gases, residuos sólidos y una procesadora de latas.

Está diseñada para navegar por río y por mar. Su cubierta limpia y despejada está preparada para que las sillas de ruedas la atraviesen de popa a proa sin obstáculos. No tiene escalones. Sólo rampas. Y un ascensor que ayuda a bajar hasta los camarotes y los baños preparados para discapacitados.

La goleta está pensada para recibir a cuatro personas en sillas de ruedas. "Son cuatro porque según el último censo, el 9 por ciento de la población es discapacitada y quisimos mantener esa proporción", explicó Jorge San Martino. "Queremos ser arriba de la Santa María lo que debiéramos ser en tierra. Y que todos tengan las mismas posibilidades", aseguró.

El 98 por ciento del casco de la goleta está listo, pero aún falta instalar el sistema de tuberías, los aires acondicionados, los detectores y las bombas contra incendios, las velas, los palos y el ascensor para discapacitados.

La última incorporación han sido las dos anclas de 480 kilos cada una donadas por Aceros Cuyanos.

Los 146 voluntarios que trabajan por la goleta esperan que recorra los puertos del mundo para el 2016 cuando se cumplan 200 años del Bicentenario de la Independencia.