Lunes 06 de Diciembre de 2010
"En península Valdés, en los últimos años, la pesca desmedida ha obligado a los animales marinos a modificar sus hábitos para acceder al alimento, que se vuelve cada vez más escaso. Acá hubo una carrera por ver quién sacaba antes el recurso", indica Juan Carlos Lamas, biólogo y director del Ecocentro, una fundación que apunta a la formación de conciencia sobre el tema.
Lamas explica las mutaciones señalando como prueba una foto satelital que revela la ubicación de "enormes ciudades" de barcos pesqueros apostados a 200 millas de las costas argentinas.
El proceso de transformación es continuo, las especies animales deben readaptarse a los escenarios impuestos por la pesca desmedida y la acumulación de desechos inorgánicos en el mar. Esta porción de tierra casi triangular unida al continente por el istmo Ameghino y declarada Patrimonio de la Humanidad es "mar" de ballenas, lobos y elefantes marinos, pingüinos y orcas.
Punto de paso de la corriente marítima que procede de las islas Malvinas, en el Atlántico Sur, las aguas que rodean la península son ricas en el alimento base de éstas y tantas otras especies.
Para pescar, estas embarcaciones utilizan potentes fuentes de luz. Estas son enfocadas hacia el mar y crean un cono de sombra que atrae la presencia de calamares, único alimento consumido por animales como los elefantes marinos.
Los focos que vuelven la pesca casi un acto reflejo de tirar y levantar redes son justamente los que delatan la presencia de los barcos en la imagen satelital. Comparada con la vecina ciudad de Puerto Madryn, con sus alrededor de cien mil habitantes, la "ciudad de los barcos" es diez veces más grande.
La ubicación de las embarcaciones no es casual. Las 200 millas marcan el límite entre las aguas territoriales y las internacionales, de modo tal que los barcos pueden pescar en aguas territoriales y cruzar rápidamente al otro lado en caso de la aparición de guardacostas.
"Las pesquerías de todos los lugares del mundo vienen a esta zona, pero lentamente se están retirando porque ya no queda mucho más por sacar", indica el biólogo.
Los pingüinos magallánicos, ampliamente instalados en la vecina Punta Tombo, a 200 kilómetros al sur de península Valdés, dan cuenta de la escasez del alimento.
En época de empollar, hembra y macho realizan turnos de varios días para preservar los huevos. Cuando la hembra se queda en el nido, el macho sale a buscar comida y viceversa. El problema es que la búsqueda de alimento se está volviendo tan extenuante que los pingüinos a veces no llegan a tiempo para relevar a su pareja, lo que lleva al fracaso en la temporada de reproducción.
Cuando la hembra no regresa, el macho directamente se deja morir. La hembra en cambio vuelve a formar pareja, pero requiere para ello tres años de soledad, lo que redunda en una baja en el índice de reproducción. Al problema de la pesca se suman el de la basura y los accidentes de contaminación. El mar es destino de los desechos que produce el hombre y repetido escenario de catástrofes como el derramamiento de crudo.
"Estamos literalmente ahogando el mar", denuncia el Ecocentro en su carta de presentación. Según el último Censo Nacional de Contaminación Costera, elaborado por la Fundación Patagónica Natural, hay en promedio 777 residuos por kilómetro cuadrado, de los cuales el 50 por ciento es plástico.
Los residuos van del continente al mar, pero también del mar hacia las costas, por el mal manejo de los desechos de la actividad pesquera, que se evidencia en la presencia en las costas de cajones, sunchos, guantes, etc. Los animales (tortugas marinas por ejemplo) confunden estos desechos con medusas y mueren al ingerirlos.
Cambio cultural. "El recurso natural no es de la clase dirigente. Es del pueblo", dice Lamas, quien desde el Ecocentro apunta a lograr un "profundo cambio cultural".
El objetivo de esta fundación creada en el año 2000 es sensibilizar para preservar el mar. "Buscamos que la gente se sensibilice y así poder transmitir nuestro mensaje.
"Algunos se conmueven sabiendo el peso de una ballena y otros viendo una obra de arte". Es que el arte es parte intrínseca del proyecto del Ecocentro, que conjuga esta forma de expresión con ciencia y naturaleza. En sus amplios salones, de moderno diseño y grandes ventanales, hay instalaciones de reconocidos artistas como Luis Benedit y Clorindo Testa.
"Apparatusgommatus testianorum", de Testa, es un inmenso animal de vivo color rojo armado con desechos recolectados en las costas. En el salón contiguo, la instalación de Benedit denuncia el preocupante tema del descarte pesquero y la captura incidental de especies marinas. Ambas obras son parte del "Proyecto Mar Argentino", que para su próxima edición, ha convocado al artista Felipe Noé.
El edificio está rematado por un mirador con ventanales en sus lados y cómodos sillones desde donde se puede ver el mar y detectar el salto de las ballenas que se pasean frente a sus costas. Este no es un lugar de paso, es un lugar de reflexión, donde la información recabada en los salones se procesa y se inyecta en la naturaleza que se percibe. Porque para Lamas, la clave está en "volver a pensar" y encontrar la fórmula para hacer "que la Tierra, nuestra casa, nos aloje como habitantes y no como propietarios". (DPA)