Una feroz puja política
La feroz disputa política que tiene como escenario a ambas Cámaras del Congreso ha puesto en evidencia la naturaleza agonal de la política. La tropa del oficialismo se ha abroquelado en su trinchera procurando resistir los feroces embates de una oposición que, pese a su heterogeneidad ideológica, coincide en la necesidad imperiosa de controlar absolutamente el Parlamento para impedir que el gobierno nacional funcione normalmente.

Sábado 27 de Marzo de 2010

La feroz disputa política que tiene como escenario a ambas Cámaras del Congreso ha puesto en evidencia la naturaleza agonal de la política. La tropa del oficialismo se ha abroquelado en su trinchera procurando resistir los feroces embates de una oposición que, pese a su heterogeneidad ideológica, coincide en la necesidad imperiosa de controlar absolutamente el Parlamento para impedir que el gobierno nacional funcione normalmente. La toma por asalto de las comisiones del Senado, por ejemplo, tiene como objetivo condenar al oficialismo a la inoperancia legislativa. Pero algo salió mal. Las sorpresivas ausencias del ex presidente Carlos Menem y la decisión de alguna senadora de estar una semana con la oposición y a la siguiente con el oficialismo, hicieron fracasar el plan de aplastar definitivamente al kirchnerismo en marzo. Por su propia impericia, por sus egos incontrolables y, cabe reconocer, por una notable capacidad de lucha del gobierno nacional, la oposición quedó atrapada en una densa red judicial de la que no le resultará sencillo liberarse. Desde hace un mes que sus rostros más conocidos deambulan por los canales de televisión protestando airadamente contra lo que consideran es un "atropello a las instituciones de la República", un "manoseo inconcebible de la Constitución nacional", una "burla a la voluntad popular que se expresó el 28 de junio". Desde hace un mes que el pueblo asiste atónito a una reacción de la oposición contra el gobierno nacional y popular profundamente reaccionaria, lesiva de la democracia republicana. Sus más conspicuas figuras compiten entre sí por demostrar quién es el mejor exponente de un antikirchnerismo furioso, irracional, lesivo de la inteligencia ciudadana. De todas ellas la que provoca más miedo es el ex presidente Eduardo Duhalde. Hace pocas horas lanzó la idea de convocar en 2011 a un plebiscito para que el pueblo se expida por el fin o la continuidad de los juicios a los militares acusados de gravísimas violaciones a los derechos humanos. Lo hizo justo cuando se cumplió un nuevo aniversario del golpe cívico-militar que derrocó a Isabel Perón. Cinismo químicamente puro. Es poco probable que la oposición se digne a criticarlo ya que para ella lo más importante es proclamar a viva voz lo que un relevante sector del pueblo argentino aún no se anima a hacerlo: que extraña aquellas épocas donde el presidente de turno no osaba desafiar al establishment, es decir, hacía lo que debía y tenía que hacer.

Hernán Andrés Kruse

hkruse@fibertel.com.ar