Viernes 15 de Noviembre de 2013
Un matrimonio y su hija de 9 años fueron mantenidos ayer como rehenes durante poco más de seis horas en su vivienda de la localidad bonaerense de Tortuguitas por dos delincuentes que los liberaron sanos y salvos tras negociar su entrega con la policía y la Justicia.
El hecho comenzó alrededor de las 14 y finalizó a las 20.20 en una casa ubicada en Seguí y Cura Brochero, de esa localidad del partido de Malvinas Argentinas, en el noroeste del conurbano bonaerense.
Todo comenzó cuando los dos delincuentes vieron al hombre en la puerta de su casa y lo obligaron a ingresar a la propiedad con intenciones de apoderarse de dinero y artículos de valor, pero en ese momento un vecino que observó lo que ocurría avisó al 911.
Lo mismo fue visto por un hijo mayor del matrimonio, que estaba en un patio lateral con su novia y evitaron quedar como rehenes de los ladrones.
Un móvil policial de la seccional local llegó de inmediato impidiendo que pudieran huir, y en pocos minutos la zona se llenó de policías y arribó el Grupo Halcón para negociar con los asaltantes.
Los delincuentes pidieron enseguida la presencia de los medios y de la Justicia y uno de ellos se identificó como Marcelo Leonardo Ameijeiras (42), uno de los seis presos que se escapó en septiembre de la comisaría primera de Moreno, hecho por el que un policía está preso ya que les habría cobrado 5.000 pesos a cada uno.
Ameijeiras, alias "Correntino", tuvo su primera causa penal cuando tenía 18 años, cometió un homicidio durante un robo en 1997 por el que fue condenado a prisión perpetua y se fugó dos veces de sus lugares de detención, según surge de su prontuario.
Después, mientras el cómplice que decía llamarse Julio gritaba desde el interior de la casa, Ameijeiras pidió hablar con la jueza de Garantías 6 de San Martín, Elena Persichini, quien estaba presente allí con la fiscal de Malvinas Argentinas Karina Carbonella.
A ambas les prometió que iban a entregarse a las 20, pero exigió no ser llevado a un penal porque ya habían intentado matarlo cinco veces.
A las 20.20 salió de la casa en evidente estado de ebriedad y vestido sólo con pantalones blancos; se entregó al jefe de la Policía bonaerense, Hugo Matzkin, a quien le dio la mano.