Sábado 20 de Diciembre de 2008
La causa en la que tres estudiantes universitarias y un barra brava de Rosario Central eran investigados por tenencia de armas de guerra tuvo su primera resolución. La jueza de Instrucción Roxana Bernardelli procesó a una de las muchachas, en cuyo bolso estaban las armas y dictó falta de mérito para el resto de los involucrados.
El hallazgo de las armas se produjo el 7 de noviembre pasado. Esa noche jugaban Rosario Central y Lanús en el Gigante de Arroyito y la policía había montado el operativo de rigor en las inmediaciones del estadio. A las 19.40, una llamada anómina al Comando Radioeléctrico alertó sobre la presencia de algunas personas que cargaban armas en un Chevrolet Meriva estacionado en Juan B. Justo y Silva, a tres cuadras de la cancha.
Cuando los agentes llegaron al lugar sus ocupantes no estaban. Según informó la Unidad Regional II, ante dos testigos los policías accedieron al interior del vehículo a través de la puerta del baúl ya que las otras estaban trabadas. Durante la requisa hallaron una pistola Hacker Koth calibre 40 con cargador y 10 municiones; un revólver Taurus calibre 3.57 con 6 cartuchos; una pistola Bersa calibre 22 con 7 balas; y una pistola Orbea calibre 6.35 con 5 cartuchos en el tambor y otro en la recámara.
A la comisaría.Entonces la policía llevó el vehículo y las armas a la seccional 9ª. En ese tramiterío estaban cuando se acercaron tres muchachas que habían ido a alentar a Central para denunciar la sustracción del Chevrolet. Pero terminaron presas por la tenencia ilegal de armas de guerra.
La que quedó en situación más comprometida fue Marisa Testa, dueña del bolso donde estaban los fierros. La chica dijo que su ex novio, un integrante de la barra brava canalla, le había pedido que se las guardara hasta después del partido. Era Fabio Manso, quien varios días después se presentó en los Tribunales con un abogado defensor y quedó preso.
Marcos Cella, patrocinante de Manso, pidió que el procedimiento de secuestro de las armas se declare nulo al considerar que la requisa del auto se hizo sin una autorización judicial. También negó que su cliente sea propietario o portador de esas armas, y consideró que todo el asunto "fue una cama que le hicieron a Manso".
La jueza Bernardelli no pudo probar que las armas hayan sido "plantadas" por Manso en el auto. Por eso le dictó la falta de mérito y lo excarceló. En cambio, encontró indicios para imputarle a Testa la tenencia ilegal de esas armas.