Una esperanza ingenua
Como docente de varias instituciones de enseñanza media, que comparte recreos con otros docentes de otras escuelas, puedo afirmar que esperar que las instituciones educativas hoy sean capaces de contribuir en la lucha por disminuir los índices de inseguridad, es una esperanza ingenua.

Viernes 04 de Diciembre de 2009

Como docente de varias instituciones de enseñanza media, que comparte recreos con otros docentes de otras escuelas, puedo afirmar que esperar que las instituciones educativas hoy sean capaces de contribuir en la lucha por disminuir los índices de inseguridad, es una esperanza ingenua. En la actualidad, la mayoría de los establecimientos educativos se ven obligados a actuar como "contenedores" sociales (pero ineficaces) de jóvenes cuyo único vínculo con la sociedad es la escuela. Sin embargo, poco y nada podemos hacer los docentes por estos alumnos problemáticos porque trabajamos sin apoyo alguno desde fuera de la escuela, con alumnos que no están acostumbrados a responder siquiera a normas básicas de convivencia y que, además, son altamente susceptibles frente a cualquier observación, a la que consideran una ofensa (no estoy hablando ya ni de hábitos de estudio). Alumnos que permanentemente desafían todo tipo de autoridad y que, fuera de la escuela, no reciben ningún estímulo que los aliente a cambiar de actitud. Estos son los alumnos que deambulan por escuelas, la mayoría de las veces sin egresar de ninguna. Ignoran cualquier tipo de disciplina (o rutina de trabajo) y no se los está formando como futuros ciudadanos responsables, porque no han aprendido nada en la escuela, ni sienten necesidad de aprender. Me pregunto qué pasaría si se los cambiase de contexto, y en lugar de la calle u hogares desarticulados, estuviesen alojados en instituciones (no cárceles) que los contuviesen las 24 horas del día, que los estimulasen en sus progresos educativos, y donde pudiesen experimentar cierta rutina de trabajo y normas de convivencia.

Susana Sarmiento, samyjoe59@hotmail.com