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Una escuela de V. G. Gálvez está en pésimo estado y no inició las clases

El comienzo del ciclo lectivo en la Escuela Nº 1.281 es incierto, pese a los esfuerzos de las docentes del establecimiento. Una zona de gran vulnerabilidad social.

Jueves 13 de Marzo de 2014

La falta de agua y de luz y los enormes problemas edilicios confluyeron para que el inicio de clases en la Escuela Primaria Provincial 1.281 Cecilia Grierson, de Villa Gobernador Gálvez, sea totalmente incierto. Con las paredes corroídas por la humedad, los cables cortados por el vandalismo y la falta de abastecimiento eléctrico, el establecimiento, enclavado en una zona especialmente vulnerable de la ciudad, sufre un notorio abandono, pese a los esfuerzos del personal y a que se está construyendo un nuevo edificio para albergarlo.

"Al no tener ni agua ni luz, no estamos para nada en condiciones de dar clases y esperamos que venga alguien del Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe a arreglar los problemas para poder empezar. La poca energía eléctrica con la que contamos es de una instalación precaria, peligrosa y provisoria", expresó a LaCapital la docente Sandra Domínguez, directora de la escuela, que a una semana de iniciado el año lectivo en la provincia todavía no pudo comenzar su actividad normalmente.

Los problemas del establecimiento trascendieron más allá de los límites villagalvenses cuando el martes circuló en medios de esa ciudad que las clases "recién comenzarían a dictarse en abril o mayo". El dato fue considerado excesivo por fuentes del Ministerio de Educación, pero la información referida a que las actividades podrían retomarse el lunes 17 también fue relativizada por fuentes de la gremial docente y por los propios maestros de esta institución, cuyas falencias de infraestructura se perciben a simple vista.

"No tenemos fecha de inicio de las clases porque en uno de los tantos robos que sufrimos se llevaron todo el cableado de electricidad que alimenta a la planta baja de la escuela y al motor de la bomba de agua de la cisterna. Si todo funcionara bien y la provincia se apura, los alumnos de la 1.281 de la avenida Soldado Aguirre al 1800, uno de los sectores más conflictivos de la vecina ciudad, podrían empezar las clases el lunes 17", afirmaron desde el ministerio. Pero todo parece jugar en contra.

Nuevo edificio. Hay una obra en construcción en la escuela que se inició en el 2011, que fue financiada por la Nación y ejecutada por la provincia y que se suspendió en septiembre por readecuación de precios. Recién volvieron a trabajar en febrero de este año. "Nosotros necesitamos que se terminen tres salones, lo que podría ocurrir en seis meses más, con lo que se eliminarían las aulas contenedor que tenemos funcionando", indicó la directora, quien agregó que "la provincia se hizo cargo de la reparación de los cielos rasos que colapsaron tras la lluvias de febrero, y el resto de los arreglos los debe concretar la misma empresa constructora Adobe".

Sobre la recuperación de los días de clase perdidos, la directora expresó que "se hará todo lo que esté a nuestro alcance para ponernos al mismo nivel que los demás chicos".

Marta Reyes, supervisora escolar, advirtió que "la obra grande no avanza como querríamos. Si quisiéramos empezar las clases el lunes 17 deberíamos juntar dos grupos de alumnos por aula. Pero esas condiciones, —ocho grados trabajando de a dos— realmente no son dignas. Igualmente, confiamos que esto se solucionará a la brevedad, primero lo de la luz y el agua y después la obra de ampliación".

Deuda histórica. Claudia Rivas, de Amsafé, consideró que las clases no se iniciaron porque las obras no se terminaron. "Aquí no hubo previsión y la interrupción de las obras en septiembre es por falta de dinero. Hay que solucionar temas muy serios. Recién se empezó a trabajar en febrero. Acá hay una deuda histórica de la provincia con la institución y una política que deja pasar estas cosas".

La dirigente sindical, que llegó a la escuela para solidarizarse con los trabajadores y efectuar un relevamiento de la situación, expresó: "No creo que el tema tenga que ver con el dinero. Las escuelas se hacen y se mantienen. Acá están en peligro los docentes y los chicos. Se naturaliza todo y tiene que haber un política para los edificios escolares que no se ponga en marcha los días de febrero".

Las falencias son demasiadas. Cables eléctricos a la vista, revoques carcomidos hasta el ladrillo, cielos rasos cargados de humedad que amenazan con desprenderse e instalaciones de calefacción antirreglamentaria son algunos de los graves inconvenientes que presentan las aulas. En tanto, los sanitarios están desprovistos de elementos, presentan caños de agua rotos, canillas en mal estado y peligrosas cajas para cableado eléctrico o de enchufes y llaves sin sus correspondientes tapas.

El patio de este establecimiento, ubicado frente al futuro estadio del club Coronel Aguirre, también está acotado. Un depósito de materiales en un rincón y una valla detrás de la cual se erige la obra de ampliación de las instalaciones de la escuela dejan muy poco espacio para que jueguen los casi 900 pibes que allí concurren y que empezaron a perder espacio para sus juegos en el 2010, con la instalación de tres "aulas contenedores". Por las mismas se abonarían unos 100 mil pesos de alquiler anual, según se indicó desde fuentes de Amsafé Rosario. "Con lo que gastan en alquilar esto, podrían construir más aulas", manifestó a su vez una docente, quien preservó su identidad.

Villa Gobernador Gálvez tiene experiencia en materia "aulas contenedores", ya que otro establecimiento de esa ciudad, la secundaria 515, debió apelar al mismo sistema ante la falta de nuevas construcciones. Estos precarios salones de chapa también muestran cajas de luz sin protección y frente a los mismos, en la galería, se aprecia cómo cuelga de una bandeja para cables una muy precaria conexión con la que en estos días se alimenta la red eléctrica de parte de la escuela.

Trabajo intenso. Aunque no hay clases y pese a que todo parece jugarles en contra, los directivos y docentes de la escuela continúan trabajando intensamente. Planillas, cuestiones administrativas y la preparación de materiales pedagógicos insumen las horas de las trabajadoras de la educación.

"El problema es que estas situaciones se van naturalizando. Los compañeros, los padres y los alumnos, ante la inacción de las autoridades van tomando estos hechos como algo normal y pasajero", expresaron con preocupación Claudia Rivas, del área de Prevención e integrante de la comisión directiva de Amsafe Rosario, junto con Francisco García.

Atrás, en la obra en construcción de las nuevas aulas, a cargo de la empresa Adobe, sólo dos trabajadores trajinan con carretillas, baldes y palas, ante una obra que claramente está muy lejos de su finalización. “Anoche entraron otra vez a robarse una bolsa de cemento”, comenta la directora Domínguez.
  Normalmente esta escuela —que lleva el nombre de la primera mujer argentina que obtuvo el título de doctora en medicina—, atiende en dos turnos a unos 900 alumnos que asisten a la primaria. También funciona allí un comedor escolar, en tanto que las actividades de un centro nocturno de alfabetización de adultos que allí funciona debieron ser trasladadas provisoriamente a la Casa de la Cultura.
  El martes, desde la cartera educativa, Cristina Di Filippo, del área de Recursos Físicos y Logística del Ministerio de Educación provincial, desestimó la instalación de nuevas aulas contenedores y el miércoles las autoridades de la escuela recibieron con escepticismo la versión del inicio de las clases el lunes 17.
  Una docente de la escuela Cecilia Grierson declaró el mismo día al Canal 12 de TV de la ciudad que “hoy en día no se le puede garantizar a los padres la integridad de los chicos”, concepto que en otros términos fue ratificado por los demás docentes ayer a La Capital.
  Así las cosas, el inicio de las clases en la Escuela 1.281 es incierto, y un verdadero problema en una zona vulnerable que necesita urgentemente la contención educativa de los chicos.

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