Una dolorosa sensación
Como cada domingo, después de finalizada la última misa, nos retiramos de la parroquia Natividad del Señor, y al subir al auto nos sorprendió un señor diciéndonos que habíamos estacionado...

Viernes 31 de Agosto de 2012

Como cada domingo, después de finalizada la última misa, nos retiramos de la parroquia Natividad del Señor, y al subir al auto nos sorprendió un señor diciéndonos que habíamos estacionado mal el auto, justo frente a su negocio, y esto había impedido que él pudiera sacar el suyo. Le pedimos disculpas, que nos perdonara, pero lo habíamos estacionado allí porque el joven encargado de guiar el estacionamiento nos había señalado ese lugar para estacionar. Nos disculpamos nuevamente, pero no bastaron las disculpas, ya que el señor exigió 50 o 100 pesos para cubrir los gastos del remís que había tomado durante el tiempo que duró la misa. Ante la insistencia, mi esposo le entregó 50 pesos, y como a los pocos metros observé al joven encargado de los autos, me bajé y me acerqué a él para contarle lo que había sucedido. Grande fue mi sorpresa al comprobar que no estaba solo, sino rodeado de otros hombres, uno de los cuales sin permitir que yo explicara nada de lo ocurrido, se acercó de muy mala manera y me amenazó. Como me llamaban mi esposo y mi hija, subí nuevamente al auto, pero esta vez con la dolorosa sensación de no haber podido ayudar al padre Ignacio en las últimas palabras que pronunció antes de finalizar la misa: "No quiero que lucren con mi persona". Intuyo que no fuimos los primeros, deseo profundamente que podamos ser los últimos. Gracias padre Ignacio por tu tarea, por estar en Rosario y por iluminar con tus palabras cada rincón de nuestra alma.

DNI 13.032.126