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Una deuda, riña comercial o ajuste policial, las líneas del caso Medina

Hipótesis en danza a partir del asesinato de un jefe narco y su pareja en el acceso sur hace siete días. Entre eventuales móviles se analiza una puja con un sector de Los Monos, que tiene como acto previo un crimen frente al casino.  

Domingo 05 de Enero de 2014

La ferocidad de la ejecución de Luis Roberto Medina hace una semana marca un tipo de acción homicida que aunque no es inédita aún resulta infrecuente en esta zona. Descargarle a un ser humano que ya se encontraba herido 14 disparos a corta distancia y por la espalda es bastante más que procurarle la muerte. Alguien que mata de una manera tan enajenada y enfurecida quiere que algún mensaje aleccionador llegue a destino. ¿Quiénes son los destinatarios de tan sangrienta ensañanza? ¿En qué acciones es mejor no incurrir para ahorrarse un final semejante? ¿A quién había disgustado tanto este hombre tenido como uno de los cinco grandes líderes del narcotráfico local?

Tres hipótesis iniciales, que no son compatibles entre sí, prevalecen entre los distintos actores del sistema penal para intentar explicar este enigma. Estas conjeturas aún provisorias se basan en evidencia aún dispersa. Las consideran en distintos ámbitos del Poder Judicial, de la policía de la provincial y del Ministerio de Seguridad. Estas hablan de una represalia brutal con tres autores posibles. 1) Prestamistas radicados en Buenos Aires a los que la víctima debía dinero que manifestaron el agotamiento de los plazos de repago 2) Narcotraficantes locales que ejercitaron una represalia por otro brutal homicidio previo. 3) Integrantes de la fuerza policial que le dieron cobertura que se sintieron traicionados o en peligro de ser descubiertos.

Primera hipótesis. Luis Medina estaba viviendo desde agosto de 2012 en un country cercano al Automóvil Club de Pilar. Allí había trabado relación, a través de un intermediario que es rosarino, con prestamistas de origen colombiano. Con ellos había ido tomando deuda que iba cancelando de modo regular, lo que generaba confianza, habilitando así nuevas entregas de dinero. Pero unos problemas de liquidez le generaron a Medina sofocones para afrontar a tiempo sus compromisos. Esa indisponibilidad de cash lo obligó a desprenderse de bienes para rendir los pagos lo que le generó retrasos con los usureros. El rojo con sus acreedores había llegado a unos 800 mil dólares y los vínculos se pusieron tensos.

Su última llegada a Rosario había sido para vender una propiedad en la calle Azcuénaga, en Fisherton. El comprador habría sido el dueño o accionista de una óptica local. El traspaso del inmueble se hizo en una escribanía rosarina el jueves 26 o el viernes 27. Medina había avisado a los acreedores que para ir amortizando lo adeudado vendería esa casa, que no era de grandes dimensiones y no alcanzaba para sanear su situación. En esta primera alternativa la ejecución se explica como una represalia de los prestamistas. Tiene como costado débil que para ser una operación externa los sicarios demostraron una capacidad de seguimiento y de concreción que expone un gran conocimiento del terreno, lo que es distintivo de ejecutores locales.

La casa de Medina en el conurbano norte bonaerense no fue requisada aún. La había comprado en un millón de dólares. Solamente estaban habilitados a entrar al country él y su pareja Justina Pérez Castelli, de 23 años, que también resultó asesinada.

Segunda hipótesis. Otra vertiente explica el atentado a Medina como derivación de un conflicto territorial por el control de puntos de venta de droga con un sector de la familia Cantero, que conforma la llamada Banda de los Monos. Todo se basa en un diferendo que desde hace un año aleja a dos de los principales líderes del clan Monos: Máximo Ariel "Guille" Cantero, que está preso, y su hermano de crianza Ramón Machuca alias "Monchi Cantero", prófugo con pedido de captura.

Los Cantero tuvieron un acuerdo histórico con Luis Medina que selló una "pax" a fin de no chocar en el territorio. En zona norte y noroeste, donde predominaba Medina como abastecedor, éste compraba a los Cantero protección, un eufemismo que consiste en un pago rutinario para no tenerlos de enemigos. El 30 por ciento de lo producido por los bunkers en esas zonas (El Churrasco, Parque Casas, 7 de Septiembre, Emaus) era para Los Monos en tanto el 70 quedaba para Medina. Guille Cantero y Medina eran quienes pactaron y tenían una relación amistosa.

Cuando Guille resolvió entregarse en junio pasado pactó con Medina que éste se haría cargo de la explotación de una línea de búnkers que Los Monos mantenían en zonas aledañas al City Center Rosario. El convenio era 50 por ciento de los ingresos para cada parte.

Esta directiva fue resistida por Monchi Cantero, quien ya estaba alejado de su hermano por otras desinteligencias, entre ellas la que los separó por cómo actuar ante la autonomía de Martín "Fantasma" Paz, acribillado el 8 de septiembre de 2012. Monchi no quiso entregar los bunkers y puso como garante del control de esos quioscos a Luis Lisandro "Tano" Mena. Este era un muchacho de 21 años que estaba con Claudio "Pájaro" Cantero cuando lo mataron en mayo pasado y quedó del lado de Monchi. Hace doce días, el 24 de diciembre, a Mena lo asesinaron de cuatro balazos en Oroño y Batlle y Ordóñez, frente al Casino Rosario.

En esta composición se valora que el Tano Mena fue blanco de un ataque ordenado por Medina ante la resistencia de Monchi Cantero a ceder quioscos de droga en esa zona del sur del municipio. La ejecución de Medina, siguiendo esta trama, fue la represalia por el asesinato de Mena concretado cinco días antes.

La relación de Medina con el entorno de los Cantero tiene variadas marcas. Tres de los encargados de búnkers de zona sur en el grupo de los Monos son los recientemente detenidos Leandro Vilches, Emanuel Chamorro y Angel Emanuel "Pibu" Villa. Este último fue detenido el 7 de octubre pasado cuando salía de un after de Avellaneda al 1000 junto a Daniela Ungaro. Quien fue durante años, hasta separarse en 2012, la mujer de Luis Medina.

 

Tercera hipótesis.En el Ministerio de Seguridad se conocen cuatro nombres de policías a quienes se asocia como protectores de las actividades narcocriminales de Luis Medina, las mismas que le posibilitaron expandirse como jefe narco sin las molestias del registro de sus actividades ilícitas en un prontuario.

Esos policías, de los cuales ninguno tiene grado menor a comisario, fueron socios en el crecimiento de Medina, lo que le generó a ellos también prosperidad económica. Pero los constantes rumores del avance de una investigación de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) que tocaba a Medina con escuchas pudo haber sensibilizado en extremo a alguno de sus cómplices de uniforme. Eliminar a Medina, en esta conjetura que recorre pasillos oficiales, habría implicado silenciar a quien podría hablar de tales relaciones. O acaso haya habido otro motivo para la ruptura entre los mismos autores.

Las conjeturas están en conocimiento del juzgado actuante y de funcionarios de los poderes Ejecutivo y Judicial.

"También dirán algo habrán hecho"

"Se dice que el tipo era un narco y entonces también dirán algo habrá hecho. Y la investigación judicial es muy posible que fracase. No hay nada mejor que, para justificar un fracaso investigativo, decir que un muerto no gozaba de legitimidad social", sostuvo Carlos Varela, quien fue abogado de Luis Medina. Quien cuestionó las suspicacias por el patrimonio de su ex cliente. "Cuando un tipo se compra un autito un poco más caro que los demás, enseguida se piensa o se dice en qué andará este tipo. Nunca nadie es capaz de decir que esa es la imagen del tipo al que le va bien. Tratan de justificar de algún modo su propia incompetencia".

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