Miércoles 08 de Julio de 2009
En su encíclica "Caridad y verdad", Benedicto sostiene que "el proceso de globalización, adecuadamente entendido y gestionado, ofrece la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes; pero, si se gestiona mal, puede incrementar la pobreza y la desigualdad, contagiando además con una crisis a todo el mundo. Es necesario corregir las disfunciones".
De la misma manera, puntualiza que "la solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber".
El Pontífice no tenía la intención de que este documento fuera una respuesta a la crisis económica que comenzó a fines de 2008, sino más bien una crítica más profunda al sistema que permite que este tipo de eventos devastadores ocurran, aseguró el principal funcionario de Justicia social del Vaticano, el cardenal Renato Martino.
"Si la encíclica hubiera sido emitida antes de la crisis económica habría sido considerada profética", añadió hoy Martino en una conferencia de prensa en el Vaticano.
"El desarrollo integral de los pueblos y la colaboración internacional exigen el establecimiento de un grado superior de ordenamiento internacional", afirma el Pontífice,
Y más adelante, en el capítulo tercero, añade: "Pablo VI pedía en la «Populorum progressio» que se llegase a un modelo de economía de mercado capaz de incluir, al menos tendencialmente, a todos los pueblos, y no solamente a los particularmente dotados".
En su encíclica, Benedicto sostiene que "el mercado único de nuestros días no elimina el papel de los Estados, más bien obliga a los gobiernos a una colaboración recíproca más estrecha. La sabiduría y la prudencia aconsejan no proclamar apresuradamente la desaparición del Estado".