Una controversial profesión
No es fácil sentarse en la otra orilla e intentar explicar si la docencia es un trabajo especial, o es simplemente eso, una ocupación que permite un ingreso.

Domingo 30 de Septiembre de 2012

No es fácil sentarse en la otra orilla e intentar explicar si la docencia es un trabajo especial, o es simplemente eso, una ocupación que permite un ingreso. Veinte años al frente de las aulas me hacen reflexionar hoy qué error tan grave hemos cometido quienes un día decidimos dedicarnos a la docencia. Y la respuesta es muy compleja. Muchas aristas hacen de ésta una controversial profesión. Por un lado el mandato social sigue exigiendo vocación, entrega, sumisión a la hora de enseñar. No importan las condiciones. Por otro lado, en más de una ocasión me he sentido avergonzada de pertenecer a un gremio que parece interesarse en cuestiones marcadamente políticas en lugar de sus afiliados. En el medio, algún alumno que te dice "gracias", o un padre que intenta golpearte porque no sos lo que esperaba para su hijo. Cargado de condimentos especiales, es éste un trabajo indiscutidamente necesario, pero cada día más bastardeado. A veces siento que erré el camino. Me gusta enseñar, pero en este contexto terminamos siendo todos parte de una gran parodia, en la que a los padres muchas veces sólo les interesa el "aprobado" y a los chicos les da lo mismo Wikipedia que su docente. Día a día nos retiramos de las aulas sintiendo que el frente de batalla plantea una situación injusta e inequitativa. El gobierno mira para otro lado, y de paso sostiene que uno de los pilares es la educación (tal vez por eso priorizaron antigüedad por sobre el título a la hora de titularizar), los padres esperan de la escuela milagrosa contención, porque para enseñar está la tele o la compu. Lo demás es anécdota. La sociedad por un lado demoniza la docencia ("son todos unos vagos") y otro sector la idolatra ("sacan piojos y dan de comer"). Ni lo uno, ni lo otro. Docentes. Trabajadores. A los que nos duele la indiferencia de un alumno cuando pregunta "y eso para qué me sirve". Tal vez la respuesta sea tan pero tan obvia que no merezca siquiera mencionarse. La docencia intenta enseñar a pensar, a reflexionar, a conocer por el placer mismo. A no alienarse. Docentes de alma, y de los otros, que los hay, igual que en todas las profesiones; trabajadores para poner parches en una sociedad cada vez más difícil, docentes de esos que corrigen los errores y no le temen al uso de la palabra autoridad. Maestros que no dudan en que su figura no es reemplazable por una máquina, profesores que aún llegan al aula con el mapa bajo el brazo aunque sus alumnos no se saquen el auricular del oído. Protagonistas casi sombríos de una realidad innegablemente complicada. A pesar de todo, es un honor destinar parte del sueldo a los libros, y no bajar los brazos ante el borramiento de los límites, porque somos adultos, y de ellos nos hacemos cargo. Tal vez un día podamos sentir de corazón que nos desean el "Feliz Día del Maestro".

María Alejandra Pimentel
DNI. 20.298.407