Domingo 24 de Mayo de 2009
Julio Nicolás C. se desbocó ante los investigadores policiales apenas fue detenido y confesó al menos una docena de violaciones y ataques sexuales. Sin embargo, las dos veces que fue llevado ante los jueces prefirió el silencio: primero ante el juez de Instrucción Eduardo Filocco por los hechos que se le atribuyen en el departamento San Lorenzo y después ante su par Javier Beltramone por los episodios de Rosario. Según indicaron ayer los investigadores, hasta el momento hay denunciados 16 ataques desde marzo de 2008 hasta el pasado viernes 15 de mayo: seis en el departamento San Lorenzo (4 violaciones y 2 tentativas), nueve en Rosario (5 violaciones y 4 tentativas) y uno en Pérez.
"Era un vecino normal pero se le saltaba la chaveta cuando salía de cacería en el auto", comentó un allegado a la investigación que recordó que al ser indagado, Julio C. reconoció que atacaba a niñas y adolescentes porque "las chicas son más manejables". El hombre se movilizaba en un Volkswagen Gol gris, dominio BP0912, una chapa que nunca trató de ocultar.
En el departamento San Lorenzo atacaba a chicas a las que sorprendía solas en alguna parada de colectivos. En Rosario, en tanto, localizaba a las jóvenes por mail o chat y llegaba a ellas mediante propuestas de trabajo. Las abusaba en su auto, en descampados y al menos dos veces en un motel.
"Rol docente".De acuerdo a lo que pudieron reconstruir los pesquisas, Julio C. "se movía con sus víctimas en un rol de docente, como si fueran sus alumnos particulares de química. Les quería enseñar y les decía qué tenían que hacer obligándolas a prácticas dignas de cualquier pagina porno de internet", indicó una fuente. Asimismo, comentó que Julio C. reconoció que con algunas de sus víctimas tuvo "clemencia". Así, con la menor de sus atacadas (de 11 años) dijo: "No la violé porque era muy chiquita". Y respecto a una adolescente contó: "Me dijo que un familiar abusaba de ella y yo no le quise arruinar más la vida". Sin embargo, abusó de ambas.
Los pesquisas también aseguran que el acusado identifica las caras de las chicas con sus nombres. Y que cuando se le exhibieron las fotos y videos que grababa en su celular y descargaba en su computadora las nombró una por una. Incluso, reconoció que aprendió de sus errores: "A esa no la pude violar porque la tenía vestida (dijo ante una foto). Por eso se me escapó. Si la tenía desnuda no se iba", indicó el muchacho que, desde entonces, una vez que hacía subir las chicas al auto las obligaba a quitarse la ropa.