Una clásica liberación
La Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario cierra su temporada de conciertos hoy, a las 21.30, en el Monumento Nacional a la Bandera celebrando los 30 años de democracia en Argentina. El...

Jueves 05 de Diciembre de 2013

La Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario cierra su temporada de conciertos hoy, a las 21.30, en el Monumento Nacional a la Bandera celebrando los 30 años de democracia en Argentina. El repertorio incluirá obras que abordan la libertad como temática.

La Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario fue creada en noviembre de 1959 bajo la gobernación del Dr. Carlos Silvestre Begnis. El 12 de mayo de 1960 presentó su primer concierto en el Teatro El Circulo. Durante su vida artística fue dirigida por maestros, entre ellos, Simón Blech, Jorge Rotter, Juan Carlos Zorzi, Miguel Angel Gilardi, Juan Rodríguez y Javier Logioia Orbe. Desde 2007 esta al frente de la orquesta el maestro Nicolás Rauss. Además de su temporada anual, la orquesta juega un rol importante en la difusión de la música a través de conciertos populares y didácticos y es fundamental su aporte para la temporada operística que se desarrolla todos los años en el Teatro El Círculo.

—Maestro Rauss, ¿cómo visualiza su trabajo al frente de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario?

—Mi sueño en tratar de transmitir a los músicos la comprensión de la idea que pudo generar en el compositor la música que finalmente interpretamos, más que la ejecución de las notas mismas. Es un poco más filosófico que práctico, y puede ser que todos no reciban con la misma simpatía esta forma de hacer música. Quisiera suponer que algo de placer deja...

—¿Cuáles fueron las principales aportes que hizo a la orquesta?

—El uso del idioma francés en los ensayos y unas pésimas bromas de típico humor suizo... Ahora fuera de broma: es una pregunta para hacer a los mismos dirigidos, pero sospecho que si algo aporté, debería ser del lado del fraseo - y éste como expresión de carácter - y de una determinada calidad de sonido, especialmente en la potencia, es decir una sonoridad nutrida, llena, pero oriunda más del canto y la melodía que del golpe ostensible e hiriente.

—Tiene la posibilidad de dirigir distintas orquestas del país y del exterior, cada una de ellas con cierta personalidad especifica. ¿Cuáles son los rasgos de la orquesta?

—Es una orquesta que reacciona con sensibilidad e interés, si uno logra sacudirla con delicadeza, diría, como para despertar y poner al aire libre su sensibilidad y creatividad.

—¿Qué evaluación hace de la temporada 2013 y cuales son los proyectos para el 2014?

—En los últimos 6 años, la OSPR ha presentado en Rosario obras importantes del repertorio, muchas escritas en los siglos XX y XXI, y muchas obras por primera vez en su historia o que no se programaban desde décadas: dos sinfonías de Bruckner, cuatro piezas de R. Strauss, varias de Strawinsky, de Martin, de Ravel, de Falla, de Honegger, de autores rosarinos, sin dejar de agasajar el público con las habituales sinfonías de Tchaikovsky, de Dvoák, de Beethoven, de Brahms. En su calidad, el camino es infinito, pero se comenta que hay un apreciable crecimiento de la calidad sonora, de la afinación y de la expresión. Para 2014 tenemos previsto una nueva presentación en Buenos Aires en mayo, luego de casi dos décadas. En Rosario, la 9ª de Beethoven - la Sinfónica no la presenta desde hace muchos años - y la 7ª de Bruckner, entre otras obras.

—¿Qué significa para usted estar al frente de la orquesta en un concierto que festeja la democracia y la libertad?

—Una sensación de alegría y de liberación.

—¿Qué nos puede comentar del programa preparado para el concierto?

—Es una seguidilla de piezas inspiradas por la oposición entre opresión y liberación, como la Obertura de Fidelio, la de Guillermo Tell, la del Libertango de Piazzolla, si bien Horacio Ferrer trata en la letra de este tango de una libertad más personal, casi sicológica. Entre cada una de estas piezas, un intermezzo distendido, light, diríamos hoy, como él de Cavalleria Rusticana, como la música del Chavo del Ocho, como un famosísimo vals. O sea: la alternancia entre piezas de inspiración libertadora con intermezzi famosos para festejar con buen humor 30 años de democracia.