Martes 13 de Agosto de 2013
A raíz del siniestro acaecido el 6 de agosto del 2013, en la ciudad de Rosario en el edificio de calle Salta 2141, me solidarizo con toda la gente afectada. Ante las noticias que con el correr del tiempo van surgiendo veo que en todas las catástrofes pasa lo mismo: negligencia de quien provocó el siniestro, inoperancia de la empresa que brinda el servicio, improvisación, solidaridad de los ciudadanos, sectores que se aprovechan de la solidaridad para su propio beneficio. Quiero explayarme en un tema que llegó a mi conocimiento: “La sociedad Tibsa Inversora SA fue la adjudicataria del servicio de gas cuando, en 1992, Gas del Estado se privatizó y el servicio pasó a manos de las provincias. Durante la gestión de Carlos Reutemann, Santa Fe concesionó el servicio a Tibsa, propietaria del 91,66% de las acciones mientras que el resto de los títulos pasaron a manos de ex trabajadores de la empresa estatal. Tibsa Inversora está compuesta por la belga Suez y el grupo Techint. En conversaciones con LPO, un empresario santafesino del sector energético sostuvo que durante los primeros años de gestión, la empresa privatizada retiró las válvulas de paso que dividía a la ciudad en distintos sectores por cuanto implicaban “importantes costos de mantenimiento”. Sin las válvulas, Rosario no cuenta con la posibilidad de desafectar rápidamente un sector determinado, sino que debe cortar la provisión de toda la ciudad. La falta de llaves de paso en el sector siniestrado obligó a una brigada a tener que hacer un pozo considerable en el pavimento, cavar e improvisar un by pass para detener la emanación de gas. El trabajo demandó cuatro horas vitales para permitir a los rescatistas el ingreso al edificio”. Esto me hace pensar en una frase de Einstein: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”. Estos señores que quieren lucrar con el riesgo de vidas, ¿se han planteado que son seres humanos los que dejan de existir? Es tal la necedad o el egoísmo de negar la posibilidad de riesgo de un accidente que de haber existido dichas válvulas se hubieran podido rescatar con vida más personas. Supongo que en sus conciencias quedarán estas vidas maltrechas anímicamente y económicamente, y aquéllas que le quitaron la posibilidad de seguir viviendo. Mi angustia, además de lo acaecido es por pensar que este episodio u otro pueda involucrar a otros inocentes, porque por más que uno se cuide siempre y prevea riesgos, al vivir en sociedad, siempre existe la desidia de otros seres humanos. ¿No sería hora que los ciudadanos empecemos a educarnos para primeros auxilios, evacuación de edificios y para no obstaculizar la labor de rescate?
Silvia Buonamico