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Una avalancha de chicos busca llegar a Estados Unidos desde América central

Tragecia en la frontera. Las familias pagan miles de dólares a los "coyotes". El número se duplica: fueron 52 mil entre octubre de 2013/14, serían 90 mil este año y 140 mil en 2015.  

Domingo 06 de Julio de 2014

La primera noche que pasó la pequeña Dalisei, de cinco años, en Estados Unidos fue en prisión. Su madre le había pagado 5.000 dólares al "coyote" para que las sacara de un pueblo de Honduras y las llevara a la frontera estadounidense. Por la noche, cruzarían el Río Grande en un bote inflable. Pero una vez logrado ese salto y tras caminar cinco horas por los descampados de Texas, la policía las detuvo.

Hambrientas y exhaustas, fueron trasladadas a la estación de la policía fronteriza de McAllen. "Dormimos en el suelo", relata la madre de 27 años, que pasó cinco días bajo arresto policial. Les daban una tortilla, una manzana y una botella de agua por día. Dalisei lloraba. "Uno llora cuando cree que todo sería distinto", cuenta su madre.

Muertos en el desierto.Como ellas, cada día cientos de inmigrantes llegan al valle del Río Grande, que separa México de Estados Unidos. Llegan con las manos vacías y muchas veces con grandes deudas. No poseen nada más que las desgastadas ropas que visten. Un muchacho de 11 años guatemalteco que fue hallado muerto en tierras solitarias no vestía más que botas y jeans. Había grabado el número de teléfono de su hermano de Chicago en su cinturón.

Cifras que crecen.Las cifras aumentan sin parar, y mientras los políticos en Washington continúan debatiendo una reforma migratoria, las comisarías y los juzgados colapsan ante el aluvión de casos. Desde octubre del año pasado las autoridades estadounidenses detuvieron a más de 52.000 menores que no se encontraban en compañía de ningún mayor. La cifra duplica los registros del mismo período del años anterior.

Un tercio de esos menores proviene de Guatemala, Honduras y El Salvador. Según estimaciones del gobierno estadounidense, hasta el próximo octubre podrían ser 90.000 los menores de 18 años que lleguen al país, mientras que en 2015 la cifra incluso podría alcanzar los 142.000. El presidente Barack Obama se refiere a esta problemática en términos de una crisis humanitaria.

"Es tremendo. Hay muchos traficantes de droga, muchos asesinatos", cuenta una mujer de Guatemala sobre la realidad que la impulsó a abandonar su país. "A veces matan a la gente así, sin vueltas", asegura su hijo de 12 años, desde un refugio improvisado dentro de una iglesia de McAllen.

Al parecer quienes lucran con este negocio difunden información errónea sobre las políticas de inmigración de Estados Unidos para atraer a más personas. Algunos incluso aseguran que el gobierno reparte "permisos" de residencia o de estadía.

Y de hecho sí se entrega una especie de formulario legal, pero uno muy distinto de lo que tanto esperaban. Porque en lugar de suponer una puerta abierta hacia una nueva vida, es una citación al juzgado que decidirá sobre la eventual deportación y el futuro de los inmigrantes.

Jueces desbordados.Pero los jueces se han visto desbordados: los 230 jueces competentes en inmigración deben asumir 360.000 casos, es decir, más de 1.500 cada uno, según las últimas cifras. Muchos de ellos demoran años, y el sistema judicial sigue acumulando cada vez más expedientes.

Estados Unidos ha lanzado hace tiempo su propia campaña informativa en países de América latina con el objetivo de poner coto al flujo migratorio. Y Obama se dirigió casi con desesperación a los padres centroamericanos a través de un mensaje emitido por televisión. "No envíen a sus hijos solos en los trenes o con bandas de traficantes", advirtió, al tiempo que urgió al Congreso a reformar la deportación de menores que establece la legislación de 2002 y 2008.

Destino de los menores.Hasta ahora, los menores son entregados a autoridades sanitarias y permanecen con parientes o familias en Estados Unidos hasta que sus casos son aclarados. Los niños de Canadá y México pueden ser deportados directamente.

Si fuese por Obama, los uniformados deberían poder decidir directamente en la frontera si se envía de regreso a los centroamericanos o si se espera a que su caso sea evaluado por la Justicia, en el caso de que exista amenazada o persecución o el peligro de que los inmigrantes caigan en redes de trata de personas.

Sin embargo, es poco probable que un niño de, por ejemplo, cuatro años convenza a un oficial de frontera con sus miedos, critica Wendy Young, de la organización "Kids in Need of Defense" (KIND).

A cruzar el río.Muchas veces los traslados se hacen en botes para entre ocho y 12 pasajeros que cruzan las aguas en plena oscuridad. Dalisei y su madre también recorrieron ese camino. Sólo cruzar el río les costó 1.000 dólares. Y eso que las embarcaciones policiales pueden estar a la vuelta de la esquina buscando a los "coyotes" y narcotraficantes. Algunos de los inmigrantes intentan cruzar a nado, cuenta un policía en el Parque Anzaldua, donde algunos pescan y otros hacen carne a la parrilla. Las patrullas no descansan.

Obama pretende poner a disposición unos 2.000 millones de dólares para reforzar las murallas estadounidenses. En 2005, siendo senador por Illinois, también votó a favor de reforzar un tercio de la frontera de 3.200 kilómetros en el sur del país. Ahora el objetivo es apuntalar la muralla con más policías, jueces y refugios de emergencia.

El estado de Texas no da abasto, y muchos de los inmigrantes son trasladados a otras regiones, en las que no se les ofrecen mejores condiciones. Según la emisora Fox News, en el nuevo campamento en una base de la fuerza aérea en San Antonio cunden las paperas, la varicela y la sarna.

Sin nada."Los dejan sin nada", dice Ofelia de los Santos, que trabaja como voluntaria en una iglesia católica de McAllen. Los niños muchas veces están deshidratados, engripados y tienen diarrea cuando reciben un sobre amarillo de la policía para ser transportados a una estación, desde donde parten, muchas veces sin saber ni una palabra de inglés, en viajes que pueden durar hasta 20 horas por tierra rumbo casa de sus familiares en EEUU. Y la avalancha no se detiene.

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