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Un viaje al mundo Martino

Así como recorrer cualquier rincón de Europa invita a la contemplación, sumergirse en el mundo de Gerardo Martino en Barcelona también tiene sus encantos. Es que para cualquier visitante...

Viernes 15 de Noviembre de 2013

Así como recorrer cualquier rincón de Europa invita a la contemplación, sumergirse en el mundo de Gerardo Martino en Barcelona también tiene sus encantos. Es que para cualquier visitante, en este caso para quien escribe estas líneas, resulta una experiencia en la que a cada paso uno se topa con un universo en el que nada es obra de la providencia, todo funciona a la perfección. Ovación fue testigo durante un par de semanas de esa vida que lleva adelante el Tata sentado en el banco de suplentes de un equipo planetario y contratado por un club que realmente es de otra galaxia.

Si de algo se dio cuenta Martino en estos meses que lleva en España fue que su función como DT del Barsa no se circunscribe a cuestiones futbolísticas. También está obligado a acomodarse a situaciones protocolares, todas relacionadas con el magnetismo que irradia un club de semejante estatura. Por eso hay días en los que su agenda desborda de compromisos y se parece más a la de un empleado jerarquizado de una empresa multinacional que a la de un entrenador.

Martino se entregó de pies y manos a esa nueva vida. Por eso se la pasó más arriba de los aviones que en el piso que alquiló hace unos meses en el barrio Pedralbes, ubicado en la zona alta de Barcelona. Todo lo hizo siguiendo al pie de la letra con lo que marca el protocolo barcelonista a la hora de las presentaciones, citas por sponsors y las reuniones a las que debe concurrir por ser el técnico de un equipo globalizado.

Ya de movida los asistentes de prensa que pertenecen a la estructura del club le dijeron que como Guardiola y Vilanova sólo se relacionaban con los periodistas en conferencias de prensa, la pretensión del Barsa era que mantuviera ese mecanismo comunicacional. El Tata aceptó la sugerencia y por contrato está obligado a sentarse ante la prensa en la previa y posterior a cada partido por la Liga, Champions League y Copa del Rey. Pero lejos de resultarle un oasis de sosiego, cada uno de esos encuentros representan un suplicio para el Tata. En una sala siempre minada de periodistas, cámaras, cables e histeria, Martino debió acostumbrarse a convivir con una sensación de desprotección. Por eso mastica cada pregunta y respuesta como si en ellas estuviera en juego su reputación. Trata de sobrevivir como puede a cada uno de los latigazos que lo inspeccionan a centímetros de su cuerpo. Si fuera por él evitaría ese ritual, aunque rápidamente se convierte en un hombre de acción que luce orgulloso las pilchas culé.

También supo cautivar a una legión de periodistas catalanes con sus palabras comprometidas. Con esas respuestas conceptuales que siempre demandan capacidad de interpretación o con su habitual observación de la realidad futbolística de su equipo que pone contra la pared al periodista. Cuentan que le valoran que en un ambiente de discursos que mutan por conveniencia, Martino nunca persiguió la huella de la demagogia. El plantel, con Messi a la cabeza de todo, también se mostró de entrada seducido por su capacidad para bajar el mensaje. Así logró la identificación y el compromiso de sus dirigidos. Enseguida se hizo respetar a través de la transmisión de los conceptos desde una mística cocinada puertas adentro.

Cuando las obligaciones se lo permiten, Martino utiliza ese refugio de tranquilidad para disfrutar de su privacidad y del amor de su hija mayor, María Noel, quien lo acompaña en su estadía catalana ya que su esposa María Angélica, su otra hija María Celeste y su hijo Gerardo viajan con frecuencia aunque viven en Rosario. Ahí se siente en estado químicamente puro. Se libera y se permite una licencia para reír. Deja por un rato su ropaje de entrenador de Barcelona y se muestra como un ser humano terrenal aunque viva por las nubes.

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