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Un trío de humoristas en el inhóspito verano rosarino

Hace rato que se viene diciendo que Rosario es la ciudad de los bares. En el corazón de pichincha, Juan mangiarelli, ofelia castillo y silvina santandrea hacen todos los sábados “días de humor”.

Domingo 10 de Febrero de 2013

Hace rato que se viene diciendo que Rosario es la ciudad de los bares. Clásicos o modernos, bodegones o paquetes, se fue engrosando un mapa para todos los gustos en el que cada vez aparecen más huecos para montar un escenario y encender los cenitales.

   Esta ciudad tuvo su primera explosión de café concert en los primeros años 70, en sintonía con la aparición de los Gasalla, los Pinti y las Edda Díaz en Buenos Aires. La primavera democrática calentó los motores para un segundo destape y más tarde, a fines de los años 90, pareció vivirse una tercera ola con la aparición de espacios como Berlín, La traición de Rita Haywort y La Subsede.

   Como un eslabón perdido de aquella última onda expansiva, el espectáculo “Días de humor” apareció como una perla solitaria en la inhóspita cartelera de verano, todos los sábados de febrero a las 22.30 en Baraka, Callao 120 bis, en pleno Pichincha. Todo comienza con Silvana, una coiffeure -peluquera para los amigos- que a esta altura de su oficio puede determinar la personalidad de cada una de sus clientas a partir de la formita que piden para la depilación. Su negocio de barrio, ubicado en la calle Felipe Moré, recibe a figuras de la talla de Mónica Fein, Antonio Bonfatti y hasta la mismísima Gachy Roldán.
   El desfile de personajes continúa con la felina animadora del programa de televisión “Papi comprame”, que promociona las nuevas versiones de la muñeca Barbie (que va desde la Barbie gato a la Barbie dealer) tocando, en forma tangencial, dos temas sensibles del momento: la trata y el narcotráfico.

La popular marga. Como una Chavela urbana que se aferra al glamour de su glorioso pasado, Marga del Mar, la dama del bolero, una artista en retirada de carácter bastante hosco y escéptico que “no te cree en nada, ni en los ángeles, ni en el horóscopo, ni en nada”, lleva al espectáculo a un clima de mayor intimidad.

Marga ya “está de vuelta”, eso la convierte en un ser tan impune como entrañable, en una máquina de hacer humor con materiales difíciles. En ese juego se encuentra la infinita riqueza de este personaje, ya conocido en los escenarios de la ciudad.

   Con una panza que le revienta los botones de la camisa y unos anteojos de marco tan grueso como los bigotes, Rolando aparece en escena y cuenta cómo una vidente le leyó el futuro con un método bastante particular.

Una muy buena composición de Juan Mangiarelli, que hace dulce con la batería de rasgos que modelan el arquetipo del taxista.

   Finalmente, una party planner lleva hasta el límite de la exageración el delirio extrovertido de las mujeres que trabajan de Relaciones Públicas, haciendo uso y abuso de la participación del público, mesa por mesa. Estas criaturas tienen el sello de Ofelia Castillo y Silvina Santandrea, dos experimentadas militantes del humor local. Sin demasiadas pretensiones ni planteos novedosos, “Días de humor” llegó para dejar en claro que el café-concert permanece vivo en los bares de la ciudad. El divertido ingrediente que condimenta la cena y la previa del sábado a la noche.

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