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Un solo caño provee agua a 15 mil personas en el asentamiento Villa Banana

Un grupo de estudiantes de Bioquímica de la Universidad Nacional de Rosario analiza la calidad del suministro, que llega a los hogares a través de conexiones clandestinas.

Domingo 16 de Junio de 2013

Un solo caño maestro lleva el agua hasta Villa Banana, donde viven aproximadamente 15 mil personas. Cada familia utiliza la creatividad para extender distintos tipos conductos con el objetivo de que el agua llegue hasta una canilla cercana a su hogar. Un grupo de estudiantes de la Facultad de Bioquímica de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) analiza la calidad del suministro y está instruyendo a los habitantes sobre su correcto uso.

   “Abrir la canilla en tu casa y que te salga agua potable puede parecerte normal, pero esto no pasa en todos los hogares de Rosario. En una ciudad rodeada por el río Paraná, aún hay lugares como Villa Banana, donde hace 50 años que este recurso llega por un solo caño”, cuenta Malén Hernández, una de las estudiantes universitarias que forma parte del proyecto.

   “Lo preocupante son esas mangueras y caños que atraviesan calles por donde la gente camina, zanjas donde desembocan los desechos y basurales. Y las mangueras y caños de PVC tienen sus años, muchas veces se pinchan y por eso es común encontrarlos atados por bolsas plásticas. La presión de agua ayuda a que no penetren en las “mangueras distribuidoras” microbios o bacterias, sin embargo el agua no abunda en la zona”, agrega Pablo Benítez, también estudiante de esa facultad.

Calidad y cantidad. El coordinador del proyecto Ríe Pibito y profesor de la facultad, Luis Veggi, explicó que se trata de “una intervención de promoción de la salud de los niños que tiene que ver con el agua que consumen los vecinos que carecen de provisión de agua potable por una red de distribución formal y controlada”.

   Comenzaron en 2010 y ya realizaron cinco intervenciones donde visitaron a 100 familias.  

   Hicieron encuestas sobre el uso y la gestión del agua en el hogar y también analizaron la calidad, cantidad y continuidad del agua.

   “Calidad, cantidad y continuidad son tres factores importantes a la hora de hablar de agua”, señaló Veggi. “Tal vez sea más importante la cantidad para que la gente se pueda bañar”, acotó. La cantidad además hace que haya mayor presión y esto imposibilita que en las mangueras y conexiones clandestinas penetren microbios y bacterias.

   “Cada vez que vamos al barrio hacemos una medición puntual, por eso no podemos generalizar cuál es el estado del agua aunque nuestras mediciones dicen que es potable. Pero, hemos encontrado problemas en los reservorios, baldes o bidones donde la gente acumula agua para los momentos donde no hay provisión”, explican los estudiantes.

   “Nuestro objetivo es que el proyecto pueda ayudar o ser una herramienta para acceder al agua y generar conciencia sobre el uso del agua”, subrayó el coordinador que agregó que el trabajo lo realizan junto con asociaciones del barrio, como el centro de salud Dr. David Staffieri, el Centro de Integración Comunitaria Oeste y la Guardia Urbana Municipal (GUM).

   ¿Pero entonces cuentan con agua los vecinos? “Si yo tengo que tirar un cable a la casa de al lado para tener luz, eso no es tener luz. Lo mismo pasa con el agua”, contestó Carla Minnhaar, que acaba de terminar el cursado de Bioquímica.

   En Villa Banana pasa lo mismo, “tiran” mangueras al caño central para que les llegue algo de agua a la única canilla de toda la casa. “Se trata de un tendido para nada seguro y en el que se juega la salud de tantas personas”, acotan los estudiantes quienes, ante tanta falencia, se ven obligados a trabajar seriamente en esta cuestión. Y hace poco llevaron bidones nuevos par que la gente pueda almacenar agua en forma segura.

Chicos que estudian y trabajan

Carla Minhaar terminó Bioquímica y desde el año pasado participa como voluntaria en el proyecto Ríe Pibito. “Esto es muy bueno porque te permite hacer algo afuera de la facultad y ayudar con lo que aprendimos. Yo soy una privilegiada de poder estudiar en una universidad pública y de esta manera siento que puedo devolver algo a la sociedad”, expresó la chica que hace compatible el estudio con el trabajo y el voluntariado, algo que se repite en todos los participantes del proyecto solidario.

   “Mis viejos me inculcaron lo importante que es servir y ese es mi lema”, dijo Pablo Benítez de 3er. año de Bioquímica. “Poder convivir con esta gente que está en situaciones tan distintas a la tuya te permite ver otra realidad y recibimos mucho cariño cada vez que vamos”, contó.

   Florencia Pool, estudiante de la misma carrera, contó que empezó a participar en un momento en que necesitaba hacer algo diferente dentro de la misma facultad y se encontró con gente es muy cálida “que se abren con vos y te dedican todo su tiempo para que les hagamos las encuestas. Esa actitud me sorprendió mucho”, relató.

   Malén Hernández arrancó este año porque le interesa la relación con la gente. “Mi papá siempre me decía cuando caminábamos por la costa: «Mirá lo que es este río, lo que tenemos». Y uno abre la canilla y toma agua y le parece normal; pero no es así en todos los lugares. Estando en Rosario con semejante río hay gente que no tiene agua. Eso no lo podemos solucionar de raíz ,pero sí hacer algo para palearlo”, dijo.

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