Miércoles 26 de Agosto de 2015
Nací dos años antes que "Les Luthiers" y me fasciné con ellos en mi adolescencia; mucho antes de enamorarme de mi profesión y de mi primera y última novia: mi esposa. Me enseñaron una matemática novedosa donde uno era más que cinco: un grupo excepcional e irrepetible, desde Coro Universitario a Voces Universales, formado por cinco grandes artistas. Pero también me enseñaron lengua donde la palabra, y con mayor esmero que en las aulas, es más docencia que en la calle. Tienen un genial y sorprendente bufón llamado Daniel Rabinovich, que no es un "rabino en la playa", sino un actor hilarante y un gestual exquisito, un cómico de elite y un payaso delicatessen; que siempre me provoca la risa y la carcajada visceral. Pero crecí sabiendo que un gran actor tiene la capacidad de provocar la risa y el llanto en un instante, sin más intermediación que un gesto. Es cierto que así debe ser un gran actor; y así lo fueron Adolfo Linvel, Pepito Marrone y Luis Sandrini. Daniel, en cambio, a quien yo admiro tanto y considero un gran actor, solamente cumple uno de los requisitos, lo cual me fastidia mucho: me hace reír. Pasaron casi 50 años en los cuales siempre me dio alegría y cada vez como la primera, pero nunca lo pude verificar como gran actor, ya que jamás me lleva al desconsuelo y la congoja; sólo me hace reír. Finalmente hoy me quedo en paz como él y con él, porque pude comprobar que era verdad que un "gran actor" hace reír y también llorar. Hoy, querido Daniel, me hiciste llorar mucho. No sé si tendremos el mismo Paraíso, señor Aratuz y, de no ser así, espero que al menos "Ramírez" sea anfitrión en el mío. Te saludo de pie esperando tu última mueca detrás del telón, Visitante Distinguido de Rosario y del mundo, mientras atesoro el abrazo que te pude estrechar.
Jorge Scarpin / DNI 17.487.788