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Un rompecabezas de arena con poderosas imágenes

"La playa, otra vez", dirigida por Mónica Discépola vuelve a presentarse esta noche en el centro de expresiones contemporáneas.

Domingo 08 de Junio de 2014

En una ciudad como Rosario el mar es siempre un recuerdo. Sólo la memoria nos devuelve esa imagen tan acabada de la inmensidad. Como decía Ramón Del Valle Inclán, "las cosas no son como son sino cómo se recuerdan, a veces descubrimos que el pasado se ha borrado, que la memoria reinventa el mundo".

Una poderosa composición de imágenes le da forma a "La playa, otra vez", la nueva puesta dirigida por Mónica Discépola que cuenta con el trabajo actoral de Estefanía Caminotti, Julieta Ferraro y Paola Sarnari, recientemente estrenado en el marco de las obras ganadoras del Concurso de Subsidios que otorga la Secretaría de Cultura municipal.

Inspirada en el universo poético del narrador y crítico cubano Severo Sarduy, fundamental exponente del neobarroco latinoamericano, estas tres mujeres nos arrastran al recuerdo donde las sombrillas se transforman en lo oculto, en lo no dicho, en lo estrictamente sugerido. El rugido de las olas, la fuerza del viento, el aroma a bronceador y la cámara Roliflex reteniendo cada instante nos hacen creer que podemos armar un rompecabezas cubierto de arena. Pero la tarea es compleja: tres mujeres reinventan un pasado en el que creen haber sido felices, donde muchas piezas podrían encastrarse de diferentes modos.

El relato es un salpicado de imágenes, donde los efectos ocupan, por momentos, el privilegiado lugar del primer plano. Con una mirada también cinematográfica, por la misma trayectoria de Discépola en el campo audiovisual, la obra juega con esos planos de manera eficaz, articulando situaciones disímiles y oníricas.

La obra propone dos anclajes espacio-temporales, el propio de la playa a comienzos de los años 70, y un baño que activa los recuerdos de estas tres mujeres en los 80. Un poco de malabares y técnicas de palo chino, alguna que otra coreografía y hasta un homenaje a Sandro le dan diversas formas a esta narración donde se mezclan unas lejanas vacaciones, la felicidad, el amor y sus ausencias, los vidrios rotos, la sangre y el misterio de un cuerpo inmóvil sobre la arena.

El ensueño se apodera de lo narrado, reafirmando un concepto de Luis Buñuel en "Mi último suspiro" donde decía que "acabamos por hacer una verdad de nuestra propia mentira". Frente a la búsqueda permanente de sentido, terminamos rendidos ante las sensaciones, ante la emoción de los recuerdos.

A la potencia visual del montaje y la reutilización de sus objetos la acompaña el acordeón de Homero Chiavarino, la destreza corporal de Ferraro y algunos momentos donde Caminotti despliega sus dotes para el clown. Sin embargo, todavía la propuesta debe crecer y consolidarse en la presencia escénica de las tres mujeres, para que los hilos de sus voces no sean devorados por los deslumbrantes efectos que se apoderan de la puesta.

 

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