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Un resultado sin sorpresas y que pone en carrera a varios presidenciables

Pese a perder en distritos clave, el kirchnerismo es la primera minoría. Buen papel de la UCR y el socialismo de cara a una eventual alianza para las presidenciales de 2015.

Lunes 28 de Octubre de 2013

Sin demasiadas sorpresas, los guarismos de las elecciones legislativas confirman en líneas generales los de las primarias y precipitan una carrera presidencial con varios aspirantes al premio mayor en 2015, entre los que sobresale el bonaerense Sergio Massa como estrella consolidada del mapa político nacional.

Massa duplicó su diferencia con Martín Insaurralde y propinó un duro golpe a la estructura oficialista, incluso superior al que le había dado Francisco De Narváez hace cuatro años en el principal distrito electoral del país, cuando le ganó a la lista que lideraba el ex presidente Néstor Kirchner.

No obstante, el intendente de Tigre no es el único que revalidó pergaminos de cara al 2015. Hermes Binner en Santa Fe, Julio Cobos en Mendoza y Mauricio Macri en la Capital Federal, con holgados triunfos territoriales y anclajes en otras provincias, configuraron un mapa nacional de liderazgos parcelados y multipartidarios.

José Manuel de la Sota también busca proyectarse desde Córdoba, aunque la victoria de su delfín Juan Schiaretti aparecía menos contundente que las otras.

Dispersión. Esa fragmentación del antikirchnerismo permitió que el Frente para la Victoria fuera nuevamente la fuerza más votada en todo el país, e incluso mejoró su desempeño respecto a las primarias, pero paradójicamente carece de una figura con proyección para el 2015.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien aún conserva nada desdeñables niveles de popularidad, ya descartó la posibilidad de buscar un tercer mandato y por tal motivo su sector deberá encumbrar un sucesor.

Su ausencia por razones de salud mostró una jornada electoral atípica desde el retorno de la democracia y también mantiene un signo de interrogación para los dos años que restan.

A futuro y pese a la derrota del FpV en Buenos Aires, Daniel Scioli emerge con posibilidades de liderar a un oficialismo necesitado de una figura que proyecte su continuidad en el poder.

El mandatario bonaerense pivotea en el PJ y hasta no hace mucho tiempo era vituperado por el kirchnerismo por haber declamado sus ansias presidenciales. Luego acordó jugar por dentro y se cargó la campaña al hombro del delfín de Cristina, Martín Insaurralde.

La derrota del intendente de Lomas de Zamora no sólo pega fuerte en el kirchnerismo en el distrito electoral donde siempre sacó ventaja, sino que afecta la proyección de Scioli y la gobernabilidad en su provincia, donde tendrá que batallar con una Legislatura sin demasiado poder propio. Habrá que ver, en este sentido, que rol cumple el peronista disidente De Narváez para ayudar a Scioli a gestionar los próximos dos años con un poder parlamentario menguado.

Enigmas. Resta ver si hay espacio para que los sectores ultrakirchneristas promueven algún otro presidenciable en dos años. Nuevamente la presidenta y el rumbo de su gestión serán determinantes para definir ese enigma. Hace cuatro años el kirchnerismo parecía terminado y dos años después se impuso con el 54 por ciento.

Sergio Urribarri volvió a resultar ganador en Entre Ríos y es impulsado por La Cámpora y el influyente secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini.

Jorge Capitanich y Juan Manuel Urtubey, cuyos candidatos resultaron triunfadores en Chaco y Salta, también podrían surgir como alternativas dentro de la estructura oficialista.

Algunos de ellos ya aparecieron mencionados como posibles integrantes de un gabinete que vendría a hacerse eco del mandato de las urnas y a contribuir en la resolución de cuellos de botella que acumula la gestión, sobre todo en la economía. Ese que las cuentas nacionales y la voracidad política se complotan para un escenario de incertidumbre, por ahora también agudizado por la convalecencia de Cristina Kirchner.

Por el lado de la centroizquierda, Binner asoma con un liderazgo ratificado por su holgado triunfo en Santa Fe. Sin embargo, el Frente Amplio Progresista (FAP), a pesar de su esfuerzo, no logra extender su dominio a otras provincias, sobre todo en Buenos Aires, un distrito clave para mantener con chances su futuro presidencial.

La UCR, con buena performance de Cobos en Mendoza y Aguad en Córdoba, subió en estas elecciones su autoestima, largamente golpeada desde la hecatombe de la Alianza.

La herida de esa experiencia fallida va de a poco cicatrizando, pero el centenario partido no tendrá expectativas de volver a sentar a un dirigente radical en el Sillón de Rivadavia si no va con un armado frentista, en este caso con el Frente Amplio Progresista.

Con más de dos años por delante, tan justas son las aspiraciones de los ganadores de estas elecciones como necesario que prioricen la responsabilidad política por sobre la ansiedad o la conveniencia partidaria.

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