Un recuerdo para el padre Libio
Con el tío Libio, como le decíamos, se fue una parte de nuestra infancia y dolescencia, la vivida en la casa de la calle Ocampo de Cañada de Gómez. Allí, esperábamos en la puerta su demorada llegada, que recibíamos con aplausos y gritos de bienvenida para celebrar Pascuas y Navidades, cumpleaños y tantas otras visitas destinadas al descanso.

Domingo 08 de Abril de 2012

Con el tío Libio, como le decíamos, se fue una parte de nuestra infancia y dolescencia, la vivida en la casa de la calle Ocampo de Cañada de Gómez. Allí, esperábamos en la puerta su demorada llegada, que recibíamos con aplausos y gritos de bienvenida para celebrar Pascuas y Navidades, cumpleaños y tantas otras visitas destinadas al descanso.Allí disfrutábamos en familia tanto juegos, bromas y comidas, como misas, charlas profundas y oraciones. Con él, aprendimos el Evangelio, la devoción a la Virgen María, el respeto por la vocación sacerdotal y los sacramentos. De él heredamos el gusto por el arte, la lectura, el sentido de la estética, del orden. Con él, tuvimos la oportunidad de viajar, ir al cine, al teatro, al circo, conocer con el relato de sus viajes por la Argentina y el mundo el valor de la obra cultural de los hombres de diferentes pueblos. De él, rescatamos el filial amor de hijo, hermano, tío, primo, tanto como el amor fraternal que entregó a su comunidad, sobre todo de Fisherton, en la que estuvo tantos años. Con él, supimos que la oración nos hace permanecer en línea recta que llega a la Casa del Padre, aunque la vida terrenal intente llevarnos por otros caminos, hacia otras vidas sin sentido. El dolor de la enfermedad fue su fortaleza, su sacrificio, una ofrenda que lo mantenía en gracia permanente. En la boca tenía siempre la palabra justa. Sus ojos con mirada de abuelo mostraban una gran ternura y la serenidad del que está siempre en presencia de Dios. Sus manos fueron el motor de su obra maestra. Desde chicos fuimos partícipes observadores de sus dibujos, sus planos y el proyecto de sus esculturas para el Templo que a Dios le regaló.Nuestros hijos fueron más de una vez modelos para él, posando durante largas horas, revestidos de túnicas y telas, convirtiéndose por momentos en ángeles, Niño Dios o Jesús Crucificado. Confiamos que en ellos quede el registro de que fueron testigos del milagro permanente que Dios hizo con él, porque aunque "ya no podía más" pedía vida para terminar su último proyecto, la Virgen Eucarística. Y así le fue concedido. Terminó la imagen y partió. Agradecemos profundamente a todos los que se acercaron durante su despedida. Hemos sentido el amor que tenían por él y eso nos deja en paz. Agradecemos a Dios habernos regalado la vocación sacerdotal en la familia. Elmo y Libio se fueron en Semana Santa a la Casa del Padre. Juntos ahora, nos dejan la esperanza de la Pascua final.

Sandra Verdini
DNI. 18.491562