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Un policía quedó acusado de matar en exceso de la legítima defensa

Homicidio de un menor en Granadero Baigorria. Le imputan la muerte de Carlos Miño, de 16 años, y las heridas de otro joven al resistirse con su arma a un supuesto asalto.

Jueves 17 de Julio de 2014

El caso del adolescente asesinado de un balazo en la cabeza tras el asalto a un policía en Granadero Baigorria, hecho que a los ojos del fiscal Damián Cimino era un crimen doloso porque no se constató un intercambio de disparos, terminó encuadrado como un homicidio con exceso en la legítima defensa. En base al relato que ayer brindó el uniformado en una audiencia imputativa, el juez José Luis Suárez evaluó que sufrió un ataque ilegítimo que ya había cesado cuando comenzó a disparar su arma, pero que lo hizo confundido al creer que los maleantes le estaban tirando. Un error de apreciación que adjudicó a que el policía había sido atontado previamente con un golpe en la cabeza.

Bajo ese enfoque, el policía Carlos Eduardo I., de 33 años, se fue en libertad aunque imputado por el crimen de Carlos Miño, de 16 años, y el intento de homicidio de Jonatan S., de 19. El fiscal pretendía que el policía siguiera detenido y acusado del delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego (un caso consumado, otro en tentativa), pero la defensa planteó la hipótesis de una legítima defensa excesiva y por esta opción se inclinó el magistrado. Además el efectivo fue imputado de la portación atenuada de una pistola Bersa Thunder 9 milímetros de su propiedad, de la que sólo acreditó permiso de tenencia.

En una audiencia previa, en tanto, el supuesto cómplice del joven muerto quedó acusado de un robo calificado cometido con un arma que no fue hallada y cuya aptitud para el disparo, por lo tanto, no pudo probarse. El muchacho quedó en prisión domiciliaria a pedido de la fiscalía y la defensa (ver aparte).

Una versión. El policía Carlos I. llegó detenido pero sin ser esposado a la audiencia en la que permaneció escoltado por sus abogados Eduardo Campisciano y Luis Tomasevich. El fiscal Cimino abrió el debate al presentar su versión de los hechos y las evidencias. Planteó que a las 19.30 del lunes el policía caminaba por Alvear 150 de Baigorria cuando lo abordaron dos sujetos en moto. El que iba como acompañante "habría bajado portando un arma de fuego con la cual lo golpeó en la cabeza", el efectivo cayó al suelo y le arrojó su billetera y un celular.

Cuando el asaltante se retiraba el policía "se incorporó, extrajo una pistola 9 milímetros y comenzó a correr" a los ladrones, "dio la voz de alto y efectuó varios disparos". El acompañante cayó a unos 70 metros con un tiro recibido desde atrás que ingresó por la región occipital derecha del cráneo y salió por la zona frontal izquierda. Jonatan I. escapó en la moto e ingresó más tarde al hospital Eva Perón con un balazo que ingresó por el omóplato izquierdo y quedó alojado en el hombro.

El fiscal pidió que se acusara al policía de haber cometido un homicidio intencional. Basó su planteo en que no existen evidencias de un tiroteo, la supuesta arma que llevaban los maleantes no fue hallada, no se encontraron tiros de otro tipo de arma y en cambio sí se encontraron ocho vainas atribuidas al uniformado que, desde donde se cometió el asalto hasta donde cayó Miño, dejaron un reguero de unos veinte metros. Esto, para Cimino, da cuenta del recorrido que realizó el policía mientras disparaba a la moto que escapaba.

La defensa. A su tiempo, el policía declaró con expresiones formales interrumpidas por accesos de voz quebrada. Dijo que esa tarde iba al velorio de un familiar cuando lo abordaron dos motociclistas "cerca de la peluquería del estilista Javier. El acompañante descendió, me apuntó con un arma de fuego tipo revólver y me dijo quedate quieto y tirate al piso". Relató que le arrojó su billetera y su celular Samsung Galaxy. Que creyó ver que el conductor de la moto le apuntaba con un arma de fuego, aunque no pudo precisarlo porque estaba oscuro.

"Estaba consternado, shockeado por el golpe. Me identifiqué como empleado policial, di la orden de alto policía. Escucho detonaciones y agarro mi pistola tratando de ponerme de pie y comienzo a efectuar disparos contra estos sujetos temiendo por mi vida. A unos metros, mientras trato de ponerme de pie, veo que uno de estos sujetos cae del motovehículo", contó y dijo que él mismo recuperó su billetera con el dinero aunque sin algunas credenciales junto al cuerpo de Miño.

Luego detalló la llegada de sus vecinos (vive a pocas cuadras), de una ambulancia y de la policía científica. No pudo precisar a qué distancia de los maleantes tiró y sostuvo, a diferencia del fiscal, que hizo los disparos desde un punto fijo, sin moverse del sitio donde lo asaltaron.

En base a ese relato, el defensor Campisciano pidió que se considere al crimen cometido con legítima defensa o con exceso en esa reacción. Pero el fiscal se opuso y pidió que el uniformado quede preso al considerar que si bien existió una agresión inicial ésta ya había cesado cuando el policía abrió fuego, avanzando 20 metros y de manera "bastante efectiva porque dio en los dos blancos".

Si bien el juez evaluó que "el uso de un arma de fuego ya era irracional ante el robo de un celular y una billetera", consideró que el policía pudo incurrir en una "errónea apreciación del peligro y de que la agresión persistía", es decir, que pudo haber creído que le estaban disparando cuando no fue así. Como quedó acusado de un homicidio con atenuantes, Suárez ordenó que el uniformado quede en libertad y fije un domicilio para ser ubicado a los fines del proceso.

"Yo no sabía"

“Yo andaba con Carlos Miño. Lo acompañé hasta la esquina. Yo no sabía que iba a hacer eso, me dijo si lo podía llevar a un drugstore. Se subió a la moto corriendo y empecé a escuchar disparos. Nos vamos y al ratito se cayó de la moto, me pegaron a mí y después fui al hospital”, declaró Jonatan I., el joven de 18 años herido en el incidente y que en una audiencia previa a la del policía quedó en prisión domiciliaria acusado de robo.

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