Martes 07 de Enero de 2014
Ganarse la felicidad implica trabajar para conseguirla, y hacer el bien y no especular ni ser un holgazán. La holgazanería podrá parecer atractiva, pero la satisfacción sólo la da el trabajo. Diario de Ana Frank. “Los hombres sabios discuten los problemas: los necios lo deciden”. Anacarsis. Filosofo griego. En el 399 aC, Sócrates fue acusado de despreciar a los dioses del Estado, de introducir nuevas deidades y corromper a la juventud. Cuenta Platón, en su Apología de Sócrates, que la condena a muerte fue dictada por un tribunal muy dividido y por escasa mayoría, pero cuando en su alegato el gran filósofo ofreció pagar por su vida una cifra miserable porque, según su opinión, eso era lo que valía para el Estado un filósofo, el jurado se sintió ofendido y lo sentenció a beber la cicuta por amplia mayoría. Los amigos de Sócrates, entre los que se encontraba su gran discípulo Platón, le propusieron fugarse, pero el gran maestro prefirió acatar la ley y morir envenenado. ¿Por qué Sócrates prefiere morir envenenado y no escapar? Porque para él la mayor sabiduría y virtud consistía prácticamente, en el autodominio y en hacer lo “justo”, que era lo que marcaban las leyes. Aceptar lo que sugerían sus amigos (huir de la condena dictada “legalmente”) hubiese sido no sólo aceptar que una circunstancia “externa” y errónea podía determinar la conducta de un sabio, además, una violación de la ley, algo inadmisible para su filosofía. Realmente cuánto de Sócrates necesitan nuestros dirigentes; cuando a la hora de decidir desvirtúan el objeto y fin de su lugar de representación de los intereses ajenos, favoreciendo en infinidad de situaciones, sólo intereses personales.
Bruno Perfietto