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Un pibe de 17 años fue perseguido hasta su casa y asesinado de un tiro

Un extraño hecho de sangre se desató la madrugada del domingo en el barrio La Paloma, cerca de la cascada del arroyo Saladillo. Llegó a pedirle ayuda a su papá y cuando el hombre salió a la puerta lo balearon. El disparo perforó la mano del hombre y mató a su hijo.  

Miércoles 26 de Marzo de 2014

Cristian Elías Cantero tenía 17 años y vivía en un humilde pasillo del barrio La Paloma, en cercanías de Hungría y Batlle y Ordoñez, muy cerca de la cascada del arroyo Saladillo. El sábado de madrugada al pibe lo siguieron tres hombres armados, y golpeado en la cabeza logró refugiarse en su casa para pedirle ayuda a su padre, de 41 años. El hombre salió entonces a parlamentar con los tres perseguidores, pero no hubo espacio para el diálogo. Uno de los agresores abrió fuego con una pistola calibre 9 milímetros y un balazo le perforó la mano derecha al padre de Cristian e impactó en el vientre el joven, quien quedó tirado sobre la tierra. Agonizante, la víctima fue trasladada al hospital Roque Sáenz Peña y de ahí al Clemente Alvarez, donde al mediodía falleció.

La Paloma está ubicado entre el barrio Magnano y el Parque Regional Sur, en el límite del municipio con Villa Gobernador Gálvez, sobre avenida Ayacucho. Recientemente, desde el municipio se encaró un plan de apertura de calles y desmalezamiento de esa zona que se desarrolla en un triángulo delimitado por Ayacucho, Batlle y Ordóñez y calle Hungría, que a esa altura dibuja una media luna siguiendo el contorno del arroyo y une a las dos calles antes mencionadas. Hasta se generó una plazoleta en el cruce de Hungría y el Pasaje 531, a unos 200 metros del Salto de Saladillo entre el 6200 y el 6300. En ese barrio vivía hasta el sábado a la madrugada, Cristian Elías Cantero.

Silencio barrial. Los vecinos ayer hablaron poco con extraños y contaron que la familia Cantero no estaba en su casa, ubicada en un lúgubre pasillo al 6300 de Hungría. "Hay dos pasillos y en el peor de los dos; ahí pasó todo", explicó una doña para orientar al extraño. Según se pudo reconstruir tras dialogar con fuentes allegadas a la pesquisa y vecinos del lugar todo ocurrió el sábado entre las 4.30 y las 4.45 de la mañana.

En ese lapso Cristian Cantero llegó a su casa de pasillo como a quien lo persigue el diablo. Le comentó a su padre que lo seguía un hombre apodado "Pico", de unos 40 años, a quien acompañaban otros dos: Jesús y Juan. Dos de ellos no eran del barrio y venían de puntos tan distantes como La Lagunita o Mangrullo. El pibe se tomaba la cabeza ya que le habían aplicado un correctivo con la culata de la pistola.

Al verlo, y como pudo, el padre del pibe se asomó a la puerta para parlamentar con el trío. Pero no hubo espacio para nada. El apodado Pico sacó una pistola 9 milímetros y le disparó perforándole la mano derecha. Nadie puede acreditar si el disparo tenía como destinatario al padre o al hijo, pero el mismo proyectil que le perforó la mano al jefe de familia impactó en el vientre de Cristian, quien cayó sobre la tierra. El proyectil tenía orificio de entrada, pero no de salida. La confusión fue tal que el padre del muchacho se dio cuenta de que su hijo había sido herido cuando salió de su vivienda, a la que había entrado para buscar un cuchillo con el cual defenderse.

Malherido, a Cristian lo llevaron al hospital Roque Sáenz Peña. En el mismo hospital fue asistido su padre. Por la gravedad de la herida, lo cargaron en una ambulancia del Sies y lo trasladaron al Clemente Alvarez, donde fue declarado clínicamente muerto sobre el mediodía. "La gente está asustada porque después del crimen del pibito, pasaron y los apretaron feo. Y no es fácil si te vienen en una moto y te apuntan con un fierro para que no denuncies", explicó un vecino.

El caso quedó en manos del fiscal de la Unidad Especializada en Homicidios Florentino Malaponte. La escena del crimen fue tan compleja, por la densidad de una parte del vecindario, que el furgón de la Policía de Investigaciones debió ir dos veces el sábado a la mañana para levantar rasgos y una vaina calibre 9 milímetros. Trabajan en el caso la comisaría 11ª y la sección Homicidios de la policía rosarina.

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