Un partido plagado de errores
Cuando un director técnico debe decidir cómo parar su equipo para afrontar un partido importante, tiene la obligación de saber con qué jugadores cuenta para la ocasión. Para eso debe dejar de lado en primer término a los lesionados, los amonestados y los expulsados que no podrán participar del juego por obvias razones. Pero también tendrá que olvidarse de aquellos hombres que, a su buen saber y entender, no están preparados para asumir las funciones que táctica y estrategicamente el encuentro le plantea...

Domingo 28 de Febrero de 2010

Cuando un director técnico debe decidir cómo parar su equipo para afrontar un partido importante, tiene la obligación de saber con qué jugadores cuenta para la ocasión. Para eso debe dejar de lado en primer término a los lesionados, los amonestados y los expulsados que no podrán participar del juego por obvias razones. Pero también tendrá que olvidarse de aquellos hombres que, a su buen saber y entender, no están preparados para asumir las funciones que táctica y estrategicamente el encuentro le plantea. Esta verdad de Perogrullo parece no ser entendida por el gobierno santafesino de cara al difícil partido que juega por la seguridad. Y así lo demuestran al menos sus tres últimas acciones en el campo de juego, típicas de un director técnico improvisado.
  La primera semana de marzo de 2009, el por entonces ministro de Seguridad, Daniel Cuenca, anunció con bombos y platillos la creación de la Secretaría de Control de las Fuerzas de Seguridad de la provincia. Lo hizo en respuesta al duro coletazo que significó la denuncia presentada por el cuestionado oficial Juan José Raffo sobre la existencia de un mecanismo de recaudación ilegal dentro de la policía santafesina. Al presentar el nuevo organismo, en una conferencia de prensa que dio en la sede local de la gobernación, Cuenca manifestó que “ya se le ha hecho el ofrecimiento al futuro titular del organismo, que aún no contestó pero lo hará en los próximos días”. La respuesta que el ministro esperaba llegó recién el 24 de junio del año pasado, cuando el ex fiscal Gonzalo Armas aceptó encabezar la nueva oficina creada casi cuatro meses antes.
  El segundo hecho que demostró la improvisación del director técnico se produjo durante la primera semana de diciembre de 2009. Entonces, el ministro Daniel Cuenca tuvo que dar un paso al costado en la gestión por problemas de salud y fue reemplazado por Alvaro Gaviola, un abogado que hasta aquel día conducía el Registro Civil. En el reacomodamiento de piezas dentro del Ministerio, fue nombrado como secretario de Seguridad el comisario retirado José Luis Giacometti, un hombre que durante su paso por la fuerza se convirtió en un referente de la visión más policíaca de la seguridad y cuyos pensamientos lejos están de la orientación ideológica de la gestión Binner. El nombre del ex oficial sólo estuvo seis horas en la marquesina. Una auténtica rebelión de la segunda línea del ministerio (los secretarios de Seguridad Comunitaria, Enrique Font; de Control de las Fuerzas de Seguridad, Gonzalo Armas; y de Asuntos Penitenciarios, Leandro Corti), es decir de aquellos que trazan las teorías de la politica de seguridad santafesina, amenazó con abandonar la cancha si el técnico no reveía esa designación. Así, tras horas de cavilaciones, el entrenador tuvo que aceptar el error y echar mano a su filial del sur provincial para que el puesto sea ocupado por quien era secretario de Gobierno de la Municipalidad de Rosario, Horacio Ghirardi.
  Finalmente, los primeros días de 2010, se produjo el último cambio en el equipo de la seguridad. Gonzalo Armas dejó de controlar a las fuerzas y asumió en su lugar Facundo Pascheto, un abogado rosarino especialista en derecho penal. Así se llegó hasta estos días de febrero dónde una decisión política del gobierno descabezó, por su antigüedad y no por sus capacidades, a gran parte de la cúpula policial de la provincia. Y una vez más, el director técnico volvió a mostrar su falta de conocimiento e improvisación designando para Rosario a un jefe de unidad que enseguida fue cuestionado. Por eso, antes de jugar el partido es importante saber con qué jugadores se cuenta. Sólo de esa manera se podrá transmitir hacia abajo (tanto dentro de los cuadros policiales como hacia la ciudadanía) un mensaje claro de lo que se quiere hacer y con quién se lo va a hacer. No vaya a ser que la gente se ilusione con el campeonato y sólo se tenga un plantel para la mitad de la tabla.