Un país pintado de naranja
Equipos de televisión corren de un lado a otro por la plaza Dam, en el corazón de Amsterdam. Cientos de turistas sacan fotos a más no poder.

Lunes 29 de Abril de 2013

Equipos de televisión corren de un lado a otro por la plaza Dam, en el corazón de Amsterdam. Cientos de turistas sacan fotos a más no poder. Todos miran fijamente el Palacio Nacional como si en cualquier momento pudiese aparecer en el balcón la familia real. Pero esta escena tardará hasta mañana en llegar.

El conductor del tranvía hace sonar violentamente la campanilla para abrirse paso entre la multitud de curiosos y convierte así su propio vehículo de transporte en una atracción turística. También los viejos tranvías de Amsterdam han sido adornados con los símbolos de la casa real holandesa. "¡Qué barullo!", dice Jenny, una estudiante de 24 años que sujeta su bicicleta en el borde de la plaza. ¿"Qué hace toda esa gente aquí?, se pregunta. Con asombro pero también con mucha serenidad los amsterdameses observan cómo su ciudad se está transformando en un escenario mundial. "Muy bonito todo eso", dice Friso, un fotógrafo holandés de 45 años. "¿Por qué no?. Para nosotros comienza una nueva era".

Para entrar en esa nueva era la capital holandesa se ha engalanado: de los edificios públicos cuelgan estandartes en los colores rojo, blanco y azul de la bandera holandesa con las iniciales del futuro rey: WA (Willem Alexander - Guillermo Alejandro).

El color naranja de la casa real holandesa está ampliamente presente en todos los escaparates. Peleles, juguetes sexuales, zapatos ortopédicos, no importa qué cosa: el naranja lo domina todo. El Gouda se llama ahora "queso real", los tomates también son "reales" e incluso la cerveza ha sido teñida de naranja.

Las tiendas de souvenirs esperan hacer su agosto con la venta de camisetas, platos, tazas y tulipanes. El superventas es una camiseta con un texto alusivo a la controvertida "canción real", objeto de gran burla por estar plagada de errores gramaticales. Traducido al español dice: "El camiseta que sabías un día llegaría". Nadie se puede liberar de la fiebre naranja. En los súper regalan por cada compra a partir de 15 euros una muñequita peluda de color naranja con una coronita en la cabeza. Una tienda discount incluso distribuye 200 mil mantos reales de armiño, si bien hechos de poliéster. Cuando se trata de cursilería naranja, nada puede frenar a los holandeses.

Sólo unos pocos se resisten heroicamente a sucumbir a la locura naranja. Entre ellos Hans Maessen, de la sureña ciudad de Maastricht. Algo perdido está parado frente al Palacio Nacional en la plaza Dam. El hombre, de unos 55 años, dice tener una misión: lleva una pancarta con el texto "No a la monarquía, sí a la democracia". Las cámaras extranjeras descuben rápidamente al solitario manifestante. Lógico: el hombre lleva una camisa blanca reluciente.