Jueves 15 de Julio de 2010
La nueva situación patrimonial del matrimonio Kirchner, difundida recientemente, cosechó severas críticas de los sectores opositores. Y no es para menos. En un país donde la pobreza orilla el 50 por ciento de la población, quienes gobiernan desde 2003 vieron un crecimiento de su propia economía en un 710 por ciento. En la Argentina es común avizorar gobernantes adinerados, dueños de inmuebles lujosos y terrenos de grandes dimensiones, subidos a automóviles cero kilómetro. ¿Está mal ? No, lo que está mal es la asimetría entre los más poderosos y los que, por distintas razones, carecen de posibilidades para vivir mejor, aquellos que subsisten o ni siquiera eso. Está mal la inequidad, la diferencia cada vez más acentuada entre ricos y pobres. A decir verdad, ¿a quién le importaría que la presidenta Cristina Fernández, los ministros que conforman el gobierno nacional, los gobernadores provinciales, los intendentes de comunas y ciudades o legisladores obtengan abultadas sumas de dinero y asimismo aumenten su patrimonio, por las funciones que desempeñan, si existiese un formidable progreso económico en cada habitante de este suelo? El problema radica en los ingresos desproporcionados, la falta de una política distributiva acorde a las necesidades sociales, los privilegios hacia unos pocos y el desprecio a las mayorías. Muchos ciudadanos se preguntan cómo puede haber tantos dirigentes políticos con buen pasar económico en medio de semejantes desigualdades sociales. El notable incremento del patrimonio de la presidenta de la Nación y su esposo causa indignación en quienes intentan progresar, trabajan mucho diariamente, cumplen con todo lo que les piden sus superiores, pero ven que sus ingresos económicos no cubren sus expectativas. Y ni qué decir de aquellos que mendigan, viven en la miseria, buscan empleo. Sin dudas, es un país para una minoría poblacional.
Marcelo Malvestitti, marcelomalvestitti35@hotmail.com