Un nene de cuatro años murió al quedar atrapado en un brutal tiroteo
Fue en barrio Las Flores y hasta anoche la policía no tenía ninguna hipótesis clara sobre el hecho. El menor jugaba con un amiguito en un pasillo cuando fue alcanzado en la cabeza por un tiro.

Sábado 13 de Marzo de 2010

Tizziano Leonel Gamarra tenía tan sólo 4 años y la noche del jueves estuvo en el peor lugar y en el peor momento de su corta vida. Fue muy cerca de su casa, en el barrio Las Flores, cuando quedó atrapado entre las balas que dos hombres dispararon por motivos que anoche se trataban de develar pero que, presuntamente, no tendría que ver con un enfrentamiento entre bandas. Lo cierto es que al menos uno de esos proyectiles alcanzó al nene en la cabeza y lo mató en el acto. Otros balazos se incrustaron el frente de un par de viviendas y algunos más en dos autos estacionados. El hecho desató un profundo dolor en muchos vecinos de la humilde barriada de la zona sur que, sumidos en el más profundo de los silencios tanto para con los medios como para la policía, se arremolinaron frente a la casa de la pequeña víctima para darle el último adiós.

"Acá no se puede hablar de enfrentamiento porque los casquillos calibres 11.75 y 9 milímetros que se encontraron tras el ataque estaban ubicados en un mismo lugar. Si hubiera existido un cruce de disparos, las vainas hubiesen salido expulsadas en diferentes direcciones", explicó un portavoz de la Jefatura que investiga el hecho.

Asimismo, los voceros dijeron que, "aunque no está determinada la motivación del episodio no es descabellado pensar que los atacantes tuvieron la intención de intimidar con sus disparos a un vecino del barrio por alguna disputa de vieja data o que sea una advertencia en el marco de un enfrentamiento dos sectores en pugna" en el mismo barrio. Lo cierto es que más de 20 estampidas sacudieron a la barriada donde hace más de una década la banda de Los Monos marca el liderazgo territorial en el control de la comercialización de drogas.

Tizziano tenía 4 años y vivía con sus padres y sus abuelos en una casa situada en Violeta al 1700, en el corazón de Las Flores, en una barriada humilde, de casas de material y frente a un centro de emprendimientos de la Municipalidad. Unos 50 metros más allá se levanta un racimo de ranchos con techo de zinc.

En la calle. Alrededor de las 21.30 del jueves, Tizziano estaba en la casa de uno de sus tíos, Darío Zárate, en Pasaje peatonal 517 (España al 7000), uno de los tantos pasillos anchos y cubiertos con baldosas que cruzan la zona y a cuyos costados se levantan viviendas uniformes de material.

De acuerdo a lo poco que pudieron reconstruir los pesquisas, el niño tomaba un helado mientras jugaba con un amiguito cuando empezaron a escucharse las detonaciones de las armas de fuego.

Sobresaltados por los balazos, Zárate y otro familiar de Tizziano, quienes estaban parados en la esquina de su casa, regresaron a la carrera hacia la vivienda con la intención de protegerse y poner a salvo a los niños. Pero llegaron tarde: el pequeño ya estaba tirado en el suelo y malherido. Un proyectil le había atravesado la cabeza.

Angustiados, los dos hombres subieron a Tizziano a un auto y lo llevaron al hospital Roque Sáenz Peña, desde donde lo derivaron al hospital de niños Víctor J. Vilela. Pero su vida se apagó en el camino.

En la cuadra donde vive la familia del nene asesinado, el dolor ayer calaba hondo en los huesos de los vecinos y el miedo los silenciaba. Sin embargo, una mujer cuarentona y de aspecto humilde fue la única que habló con La Capital bajo la condición de mantener su nombre en el anonimato.

En moto. Entonces, la mujer recordó que "dos hombres en una moto se apostaron en el cruce de Heliotropo y el Pasaje peatonal 517 y desde allí desataron una balacera demencial hacia el pasaje, en dirección al norte".

"Dispararon más de veinte tiros y algunos pegaron en un auto blanco que estaba estacionado en el lugar", explicó la mujer en referencia a un viejo Peugeot 504 que estaba sin ocupantes. Un balazo perforó una de las puertas traseras del vehículo, otro destruyó el parabrisas de un Fiat Palio rojo, algunos tiros más alcanzaron los frentes de un par de viviendas y otro alcanzó a Tizziano, que estaba a unos 150 metros de allí. "El nene se cayó al suelo, pero no gritó ni lloró", recordó la vecina.

Cuando Tizziano era cargado en un auto camino al hospital, los francotiradores se esfumaron del lugar. Desde ese momento, nadie pudo aportar pruebas a la policía, ni supo decir a los investigadores en qué moto se movilizaban, de qué color era o algo sobre sus ocupantes. Por eso el caso anoche seguía siendo un enigma para los pesquisas que no supieron precisar si en la zona donde se registró la balacera vive alguna persona que pueda ser pasible de semejante ataque. "Hasta ahora no manejamos nada en concreto porque carecemos de testigos que nos puedan aportar datos", dijo una fuente de la subcomisaría 19ª que esperaba poder acercarse hoy a la familia de Tizziano para tratar de aclarar algo, como si el niño no fuera una víctima inocente más de las tantas que se cobró la lluvia de balas que cada tanto asola Las Flores.

El mismo enigma ayer embargaba a la familia de Tizziano, que en horas del mediodía empezó a velar al nene en su casa de Violeta 1741. Hasta allí llegó este diario en busca de alguna respuesta a lo sucedido, pero sólo obtuvo un "no vamos a hablar" de parte de un muchacho que dijo ser familiar del pequeño asesinado.