Un negocio retenía tarjetas sociales y mantenía cautivos a los clientes
Fue en Villa Gobernador Gálvez. Una vecina los denunció y allanaron 276 documentos Aseguran que el comercio les pasaba todo el monto de las tarjetas, aunque no lo consumieran

Sábado 14 de Agosto de 2010

Villa Gobernador Gálvez.— Un caso de especulación con tarjetas de planes sociales salió a la luz en esta ciudad, donde un comercio retenía esos documentos para tener clientes cautivos.

La denuncia fue radicada por Valeria F. contra los titulares del supermercado "Yamilau", Carlos. A. y Vilma. La denunciante sostiene que desde el súper le retuvieron su tarjeta de ciudadanía y de asignación por hijo. El negocio está en las cercanías de la villa Costa Esperanza. Allí fueron secuestradas unas 276 tarjetas de todo tipo: asignación, ciudadanía y bonos de consumo.

La tarjeta de ciudadanía son unos $100 y la de asignación, 150, a lo que hay que sumar, según declaraciones de vecinos 10 pesos por "gastos administrativos" que cobraba el super.

La maniobra consistiría en retener las tarjetas de varios vecinos a los que se les vendía mercadería. Además, en la denuncia policial consta que también retenían los DNI de los clientes.

La denuncia. En el barrio humilde viven Valeria y Vilma, en extramuros de una ciudad con grandes carencias sociales. Valeria es madre soltera, con tres hijos y habita una casa prestada. Es pobre, pero no mísera.

Vilma tiene el súper a unas 10 cuadras, y sus clientes se agolpan en el mercado que tiene junto a Carlos, su marido. El lugar es chico y, según dicen, "los precios son un poco caros, a veces". En la cochera del negocio descansa una camioneta 4 X 4 de un modelo casi nuevo.

Para Valeria, el día a día es un imposible. "Desde septiembre que voy a ese supermercado, me contaron que ahí aceptaban la tarjeta y tenía posnet. Les dí las tarjetas de ciudadanía y la de asignación para comprar comida. Entre los dos, son unos 500 pesos", aseguró.

La joven está desesperada, debe mudarse y alimentar a sus chicos. "La mujer del súper me retuvo las tarjetas y los documentos, hasta que me tuviera confianza", dijo abriendo grande los ojos. "Yo necesitaba la mercadería y ella pasaba todo el monto, aunque yo por ahí compraba menos, pero ella pasaba toda la tarjeta y quedaba plata a favor muchas veces, ella decía que me fiaba", contó Valeria. Y agregó: "Yo muchas veces no saqué todo y la señora me decía que yo había sacado todo, me mostraba la computadora y decía que si quería retirar la tarjeta le tenía que llevar la plata en efectivo". Más tarde, Vilma dijo que de esa manera lograba "fiarle" a los clientes.

Se lograban dos negocios: un cliente cautivo y el dinero que se obtenía de una vez, más los "gastos administrativos". Si se rescataron 276 tarjetas, el negocio financiero es más que interesante.

Pero todo tiene un fin. "El martes le pedí la tarjeta, me mudaba y necesitaba la plata. Me negó unos pesos que estaban a mi favor. Con la tarjeta de asignación me obligó a hacer una compra en agradecimiento porque me bancó ese tiempo, pero la plata era mía", se indignó Valeria.

Tras su denuncia, la policía allanó el negocio y encontró las tarjetas, no los documentos. Llamaron a declarar a 40 vecinos. "Dijeron que nadie los obligaba a dejar las tarjetas, que les pasaban todo el monto y que pocas veces quedaba plata a favor de ellos, que si consumían 50 pesos les pasaban los 100 en el posnet, Es gente con muchas carencias", sostuvo una fuente cercana a la investigación.

"Una confusión". Vilma estaba más que preocupada ayer en la tarde. "Me perjudicó por una confusión, por 20 pesos. Yo les doy adelantado y con esto hay gente que se va a quedar sin comer", advirtió la mujer. "A nadie se obligaba a dejar nada, no hay documentos firmados", aseguró.

"Son personas que no entienden, nosotros actuamos de buena fe", se defendió Vilma, mientras Rosa, una vecina que la consolaba en su casa, recordó que "como 190 vecinos" fueron a la policía para apoyar a la comerciante. En la comisaría dicen que sólo se presentaron 40 vecinos y por citación previa.

Es la supervivencia en estado puro. El negocio de la especulación, en este caso, con el hambre, la miseria y el insoportable día a día de algunos, sumados a las lealtades basadas en la necesidad extrema.