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Un mundo futurista y apocalíptico para descubrir "la bestia" interior

El realizador Galel Maidana dijo que el filme, con Celeste Cid y Alberto Ajaka, se debate "entre la animalidad y la ciencia"

Lunes 20 de Abril de 2015

Celeste Cid y Alberto Ajaka son los protagonistas de "La parte ausente", un policial negro que transcurre en un mundo futurista y post apocalíptico y en donde el cineasta Galel Maidana acompaña la investigación y el viaje interior de un personaje que, en un plano más metafísico, "tiene que ver con descubrir o despertar la bestia que llevamos dentro". Así lo confirmó el director hondureño, respecto de la película que se estrenó el jueves y sigue en cartelera esta semana en Rosario.

"Todo el tiempo la película se debate entre la animalidad y la ciencia. La historia transcurre en un mundo dominado por lo científico y la búsqueda de la vida eterna, pero también hay otro plano que tiene que ver con la presión, lo bestial y la animalidad", dijo Maidana, que presentó su película en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

El director, en diálogo con Télam, explicó que el filme indaga en "el contraste entre lo bestial y lo innombrable, y pone todo el tiempo en juego las certezas de la ciencia y la prepotencia humana. El contraste entre lo oculto e innombrable, lo que está en el orden de lo animado y lo primitivo, en contra de la pretensión del hombre por entenderlo todo".

Maidana, que había dirigido antes el documental "La asamblea", situó la acción de "La parte ausente" en un mundo post apocalíptico y anárquico, en el que las instituciones y la ley brillan por su ausencia, y donde Chockler (Ajaka), un asesino a sueldo, es seducido por una hermosa y enigmática mujer (Cid) para que acepte una peligrosa misión: buscar a un mutante y traérselo vivo o muerto.

El trabajo que le encomiendan tiene muchos puntos oscuros: las descripciones, las motivaciones y las pistas resultan confusas, y por ese motivo Chockler dirige su investigación hacia la propia Lucrecia y su entorno, lo que lo lleva a descubrir conexiones entre experimentos genéticos, carreras de caballos y una serie de sucesos extraños y de naturaleza sobrehumana.

Con Guillermo Pfening, Luis Ziembrowski, Edgardo Castro y Juliana Gattas (la cantante de Miranda), la película posee una estética retrofuturista tomada de referentes del cómic y la ciencia ficción para evocar "una época de quiebre donde todo se mezcla y el humano o la idea del ser humano está más atravesada por otras cuestiones que aluden al concepto de ciberpunk, que engloba el binomio ser humano-androide y la creación artificial de nueva humanidad".

"Lo que mi película plantea lateralmente a la investigación y el viaje interior del personaje de Ajaka es que el nuevo androide es el mutante", sostuvo Maidana, y destacó: "Hago uso de una tradición cinematográfica que tiene que ver con la ciencia ficción y el policial negro, dos géneros que elijo para contar este relato".

"La ciencia ficción me pareció la forma más adecuada y certera de hablar de estas cuestiones de transhumanismo, un término que tiene que ver con todo lo que pone en cuestionamiento la idea del hombre como centro del universo y como una forma estática", señaló el director en relación al planteo del filme sobre la posibilidad de la existencia de nuevas formas de vida a partir de la experimentación genética.

"Por su parte -añadió Maidana- "el policial negro se relaciona con lo oculto y lo oscuro, y eso también tiene que ver con el inconsciente. Siendo un viaje interno del protagonista, parte de un contexto de gran oscuridad hacia un momento en el que se hace de día y se precipitan una serie de acontecimientos que lo cambian todo".

En ese sentido, "la película propone de algún modo que la humanidad debe llegar a un punto extremo para volver a renacer. Después de la lava del volcán surgen las tierras más fértiles. El fuego transforma y por eso está tan presente en el filme", afirmó.

"Leí mucho de Raymond Chandler para todo esto, porque siento que utiliza siempre el mismo procedimiento, que es partir de una estructura un poco obvia para después irse a lugares más misteriosos, metafísicos e insospechados, que en muchos casos no se toma el trabajo de resolver del todo", señaló el cineasta en relación al vínculo de su película con la novela negra.

"Así como Celeste representaba de forma única el personaje arquetípico de la «femme fatale» (ver aparte), me costó mucho encontrar a alguien como Ajaka, que pudiera encarnar una masculinidad bestial y al mismo tiempo reflexiva y sensible. Quería a un actor que también pudiera experimentar un quiebre y convertirse en una persona arrasada por ese contexto en el que se ve inmerso y con la posibilidad de volver a renacer", concluyó el realizador.

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