Martes 19 de Febrero de 2013
Nuestro mundo se estremece frecuentemente: razones no le faltan. Desde las decisiones de los más encumbrados dirigentes mundiales hasta una simple relación interpersonal se efectúan tomando el “yo” como centro, olvidándonos que el espacio celeste que nos cobija es el mismo para todos. Un mundo al que le estamos consumiendo oxígeno y agua, le perforamos la protección solar, le eliminamos especies botánicas y animales, le alteramos su equilibrio ecológico. La convulsión brota desde todos los órdenes: errores conceptuales, desentendimientos, ignorancia, egoísmo, saña y violencia. El insano funcionamiento de una mente enferma provocó la SegundaGuerra Mundial, con 60 millones de víctimas. Pueblos disconformes con sus gobiernos son violentamente reprimidos. Fanáticos religiosos atacan a sectas de distinta creencia. Intereses materiales se concretan en esclavitud y muerte. Hechos de terrorismo se ejecutan a diario. No lo digo yo, son hechos reales. Está sucediendo ahora en Siria,Turquía, Egipto. Ahmadineyad alistará en septiembre la bomba atómica iraní para destruir a Israel que ya tiene la suya y no vacilará en utilizarla si lo atacan. Elementos imprescindibles para la existencia, como son los árboles, están desapareciendo por tala indiscriminada sin reponerlos. En Argentina, desde 2007, según los expertos de la Dirección Nacional de Bosques, se talaron más de un millón de hectáreas en el área boscosa nacional. En la Amazonia desaparecen kilómetros de bosques diariamente. La mafia mundial gana millonadas satisfaciendo disconductas de la población y se ha introducido en el comercio maderero. Los acuíferos en existencia desaparecerán para satisfacer las necesidades de naciones poderosas. Un médico argentino nos anoticia sobre microorganismos absolutamente insensibles frente a todos los antibióticos existentes. Tres reactores ingleses tuvieron fugas radioactivas en 2012 y aún se ignora qué porción planetaria quedará afectada tras la rotura de los reactores de Fukushima tras el último sismo más tsunami. Convengamos en olvidarnos un instante quienes somos y lo poco que podemos llegar a ser si se prolongan estas barbaridades bajo un cielo común a todos.
Rubén Mario Baremberg
DNI. 6.012.531