Un momento inolvidable
Realmente no tengo palabras para describir la emoción y alegría que me produjo estar con los jóvenes y adultos que pertenecen a la conocida Escuelita Ser, de Correa, a la que concurren jóvenes y adultos con capacidades diferentes.

Miércoles 11 de Junio de 2014

Realmente no tengo palabras para describir la emoción y alegría que me produjo estar con los jóvenes y adultos que pertenecen a la conocida Escuelita Ser, de Correa, a la que concurren jóvenes y adultos con capacidades diferentes. En ocasión de visitar Agroactiva, tuve la oportunidad de servir un poco de guía a los integrantes del establecimiento, incluido el personal que allí desarrolla una encomiable tarea, llena de amor y paciencia. Allí pude comprobar lo que significó para ellos visitar algo de tamaña envergadura, ver las máquinas, los stands, sobre todo los automóviles y camiones que despertaron una enorme curiosidad en ellos, ademas el interés por querer subir y verlos en su interior, a lo que gentilmente algunas empresas accedieron. Bastaba con mirar sus rostros, con una sonrisa que los iluminaba, y ni qué hablar cuando les entregaron presentes, como gorras y otros elementos, que los tomaron como el tesoro más valioso del mundo. Además, cuando paramos para almorzar en la carpa institucional de la provincia de Santa Fe que gentilmente nos cedió el espacio para que pudiesen descansar y comer con tranquilidad, entregando además llaveros y otros recuerdos, allí mismo se acercó gente de San Javier, en el norte de nuestra provincia, convidando empanadas de pescado para que la fiesta fuese completa. Fue una experiencia maravillosa que me tocó vivir casi impensadamente, quedando grabado en mí el beso y abrazo de todos los alumnos de la escuela, a modo de agradeciemiento cuando nos despedimos, algo que jamás olvidaré y estaré eternamente agradecido a Dios por esa oportunidad que me brindó, de que con tan poco hacer felices a quienes lo necesitan, y mucho. No quiero olvidarme de felicitar a quienes concurrieron con ellos, Fátima y Juana Sosa, Claudia Monti y otras personas de las cuales no recuerdo sus nombres, por todo el amor y empeño que le ponen para que aquellos a los que la vida los hizo diferentes se sientan que son tenidos en cuenta y valorados. Un beso muy grande a todos ellos y ojalá se pueda repetir.

José A. del Cerro