Más vivo que nunca

Un militar inexperto llega al sur de Santa Fe

La expedición al Paraguay, narrada en el último libro de Felipe Pigna.

Sábado 20 de Junio de 2020

En el invierno de 1810, la situación de la Revolución estaba muy lejos de estar asegurada. Si bien Santa Fe y Corrientes, ambas jurisdicciones incluidas aún en la intendencia de Buenos Aires, e inicialmente Colonia del Sacramento, en la Banda Oriental, habían reconocido la autoridad de la Junta, lo cierto es que tanto los realistas de Montevideo como los de Asunción las amenazaban seriamente, al igual que a la actual provincia de Entre Ríos.

En agosto la Junta, a través del siguiente documento publicado en la Gaceta, decidió organizar una fuerza para asegurar su control sobre el Litoral y apoyar a los patriotas orientales, y a comienzos de septiembre nombró a Belgrano como jefe de las tropas: "No pudiendo mirar esta Junta con indiferencia los repetidos ofrecimientos de muchos jóvenes patriotas, que pretenden con entusiasmo hacer un servicio de armas, que sea compatible con sus particulares profesiones y destinos: ha resuelto formar dos compañías patrióticas de cien hombres cada una, de los que voluntariamente quieran alistarse, las cuales auxilien la tropa de la guarnición en rondas y demás actos concernientes a la pública tranquilidad. La Junta ha nombrado capitanes de dichas compañías, a don José Aguirre de la primera, y a don Pedro Lobos de la segunda; los cuales nombrarán dos tenientes, y dos alféreces en cada una para su arreglo; y ambas compañías obrarán sus servicios bajo las órdenes del señor vocal don Manuel Belgrano; quien distribuirá sus rondas, y destinará hora y sitio para su disciplina, debiendo ocurrir ambas a la real fortaleza en caso necesario. Esta milicia patriótica puramente voluntaria, sin fuero, sin sueldo, ni sujeción alguna a los privilegios o carga de ordenanza presenta el mejor campo para los honrados patriotas, que suspiran por redoblar las pruebas del interés y adhesión con que se consagran a todo género de sacrificios, que puedan contribuir a la seguridad de la patria. Lo que comunico a Ud. para que empiece por su parte a la realización de este útil establecimiento".

Semanas después, sin embargo, se dio prioridad a la campaña sobre el Paraguay, según señalara el propio Belgrano, por los informes recibidos de José Espínola, que había llevado a Asunción la circular para obtener el reconocimiento a la Junta de parte del gobernador Bernardo de Velazco. Espínola no solo no consiguió ese objetivo, sino que a duras penas logró huir del confinamiento al que lo había condenado Velazco. Regresado a Buenos Aires, dio a la Junta un informe completamente optimista y falso. Como reflexionará amargamente Belgrano: "Se determinó enviar una expedición al Paraguay en atención a que se creía que allí había un gran partido por la revolución, que estaba oprimido por el gobernador Velazco y unos cuantos mandones; y como es fácil persuadirse de lo que halaga, se prestó crédito al coronel Espínola, de las milicias de aquella provincia, que al tiempo de la predicha Junta, se hallaba en Buenos Aires. Fue con pliegos, y regresó diciendo que con doscientos hombres era suficiente para proteger el partido de la revolución, sin embargo de que fue perseguido por sus paisanos y tuvo que escaparse a uña de buen caballo, aun batiéndose, no sé en qué punto para librarse".

Belgrano, a pesar de sus escasos conocimientos militares, aceptó estar al frente de esa expedición pensada como "auxiliadora" de los patriotas paraguayos, para que "no se creyese que repugnaba los riesgos, y que solo quería disfrutar de la capital", y también porque "entreveía una semilla de desunión entre los vocales mismos, que yo no podía atajar, y deseaba hallarme en un servicio activo".

Santafesinos y entrerrianos de ley

Aunque en esos días su salud desmejoró, Belgrano emprendió la marcha a fines de septiembre. Llevaba apenas 200 hombres, a los que a la altura de San Nicolás de los Arroyos se les sumaron poco más de 350, reclutados en la zona que entonces abarcaba localidades que hoy corresponden tanto al norte bonaerense como al sur santafesino. En su mayoría eran paisanos sin ninguna instrucción como soldados y contaban con muy mal armamento. Prosiguió viaje y el 1° de octubre de 1810 llegó a la ciudad de Santa Fe, donde fue recibido con entusiasmo.

Entre los soldados que se incorporaron allí a la fuerza de Belgrano se encontraba Estanislao López, entonces de 24 años, que se convertiría en el caudillo federal de su provincia.

Los dominicos, encabezados por Isidro Guerra y José Grela, lo hospedaron en su convento, mientras que algunos ricos vecinos le entregaron importantes donaciones para proveer a su pobre ejército.

Entre ellos se destacó Francisco Antonio Candioti, que a pesar de sus años, hasta se ofreció a acompañarlo en la campaña.

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De Santa Fe, Belgrano y sus hombres cruzaron el Paraná, a lo que entonces era el pueblo de la Bajada, donde hoy se asienta la capital de Entre Ríos. En sus memorias de esta campaña, Belgrano anotará: "Debo hacer aquí el mayor elogio del pueblo del Paraná y toda su jurisdicción: a porfía se empeñaban en servir, y aquellos buenos vecinos de la campaña abandonaban todo con gusto para ser de la expedición y auxiliar al ejército de cuantos modos les era posible. No se me olvidarán jamás los apellidos Garrigós, Ferré, Vera y Hereñú; ningún obstáculo había que no venciesen por la patria. Ya seríamos felices si tan buenas disposiciones no las hubiese trastornado un gobierno inerme, que no ha sabido premiar la virtud y ha dejado impune los delitos. Estoy escribiendo cuando estos mismos Hereñú sé que han batido a Holmberg".

Doña Gregoria

Al igual que de Candioti, recibió generosos donativos para la causa revolucionaria, entre otros los de Gregoria Pérez de Denis, que le ofreció todos sus bienes:

"Excelentísimo Señor.

"La viuda de don Juan Ventura Denis logra el honor de saludar a vuestra excelencia ya que no lo hizo cuando vuestra excelencia se hallaba en esta ciudad por la cortedad de su genio y por no poderse introducir en claustro de regulares para poner a la orden y disposición de vuestra excelencia sus haciendas, casas y criados desde el río Feliciano, hasta el puesto de las Estacas, en cuyo trecho es vuestra excelencia el dueño de mis cortos bienes para que con ellos pueda auxiliar el ejército de su mando, sin interés alguno. Esto mismo tengo prevenido a mi hijo Valentín, quien desearé sepa complacer a vuestra excelencia, quien tendrá la bondad de dispensar cualquier falta que provenga de mi ausencia o de la corta edad del dicho mi hijo.

"Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Santa Fe y octubre 11 de 1810".

En respuesta, Belgrano le escribía a doña Gregoria:

"Usted ha conmovido todos los sentimientos de ternura y gratitud de mi corazón, al manifestarme los suyos, en su papel de ayer, van llenos del más generoso patriotismo y de afecto a la otra representación que me caracteriza (es decir, como representante de la Junta), no menos que a mi persona. La excelentísima Junta leerá las expresiones sinceras de V. y estoy cierto que la colocará en el catálogo de los beneméritos de la patria, para ejemplo de los pobladores que la miran con frialdad"

F. P.

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